Los gritos de los salvajes que pululan por la ciudad trol abandonada resuenan a mis espaldas bajo la luz de las estrellas pero tan sólo servirán para que los pájaros y los monos detengan por un instante su parloteo incesante y se retiren, acobardados, a sus malolientes madrigueras.
El demonio abisario que me ha acompañado en esta expedición hará bien su trabajo, aniquilando a todos los que se le opongan y permitiéndome escapar de las ruinas del templo sin ser molestado. Contemplo durante unos instantes estas piedras, reliquias de otros tiempos, mientras acaricio la bolsa que contiene musgo arrancado de los muros de este abandonado lugar. Su propia esencia mágica atraviesa la bolsa de terciopelo donde lo he guardado y aporta algo de calidez a mis frías manos. Es una mercancia muy valiosa, tan valiosa como para que los fieros trols de las ruinas paguen el precio que están pagando.
Los rugidos han cesado dentro, seguramente porque el abisario ha caído ante sus enemigos. Tardaré bastante en volver a invocarlo desde su plano después de esto. Mientras tanto, será mejor que me aleje de este lugar.
Andanzas, aventuras y desventuras por las tierras de Azeroth. Fanfiction de Warcraft.
Éxito rotundo (Diario de Tholaya)
El descenso a las ruinas de Gnomeregan fue todo un éxito y no me avergüenzo de enorgullecermo por ello.
Retorné a la superficie por el mismo camino que había llevado en el descenso. En dos ocasiones tuve desagradables encuentros con los Troggs que pululan en los oscuros túneles, más puede desembarazarme de ellos gracias a mi ingenio y mis notas, en las cuales había ido anotando los posibles caminos alternativos para el ascenso en caso de encontrar problemas. Así pude alcanzar sin mayores dificultades los niveles superiores a través de un estrecho conducto de ventilación y llegar hasta el puesto avanzado de nuestro ejército.
Después, me presenté ante mis maestros y les mostré la pieza que me habían enviado a buscar, así como el puñado de tornillos de la zona cero de la ciudad que había conseguido. Como era de esperar, quedaron muy impresionados y recibí muchas alabanzas, así como el título oficial para ejercer la ingeniería y mi nuevo apellido, cosas ambas que ahora podré lucir con orgullo delante de todos los demás miembros de nuestra sociedad. Y por supuesto, también podré dedicarme a mis abandonados estudios arcanos, bajo un nuevo enfoque, libre ya del estigma de la renuncia a la ingeniería que tuve en el pasado. Combinar magia y tecnología es una nueva puerta que se abre ante mí.
Ha sido un paso muy grande para esta pequeña gnoma, que de ahora en adelante se dedicará a la Tecnomancia bajo el nombre de Tholaya Tuercaprieta.
Retorné a la superficie por el mismo camino que había llevado en el descenso. En dos ocasiones tuve desagradables encuentros con los Troggs que pululan en los oscuros túneles, más puede desembarazarme de ellos gracias a mi ingenio y mis notas, en las cuales había ido anotando los posibles caminos alternativos para el ascenso en caso de encontrar problemas. Así pude alcanzar sin mayores dificultades los niveles superiores a través de un estrecho conducto de ventilación y llegar hasta el puesto avanzado de nuestro ejército.
Después, me presenté ante mis maestros y les mostré la pieza que me habían enviado a buscar, así como el puñado de tornillos de la zona cero de la ciudad que había conseguido. Como era de esperar, quedaron muy impresionados y recibí muchas alabanzas, así como el título oficial para ejercer la ingeniería y mi nuevo apellido, cosas ambas que ahora podré lucir con orgullo delante de todos los demás miembros de nuestra sociedad. Y por supuesto, también podré dedicarme a mis abandonados estudios arcanos, bajo un nuevo enfoque, libre ya del estigma de la renuncia a la ingeniería que tuve en el pasado. Combinar magia y tecnología es una nueva puerta que se abre ante mí.
Ha sido un paso muy grande para esta pequeña gnoma, que de ahora en adelante se dedicará a la Tecnomancia bajo el nombre de Tholaya Tuercaprieta.
Tiempos extraños (Diario de Zareba)
La multitud se agolpaba alrededor de la mujer que hablaba con aire altivo en contra de la Corona. Para mi sorpresa, era una hembra draenei la que incitaba a la plebe a rebelarse contra el Rey, criticando abiertamente el gobierno de Waryan Wrynn en plena calle. Nunca hubiera imaginado que los draenei, a los cuales tenía por una raza noble y luminosa, se involucrasen en la política de los reinos humanos con tanto arraigo, mas los tiempos están cambiando últimamente y cada vez son más los hijos de draenor que han adoptados los usos y costumbres humanos en vez de retornar a su lejano hogar.
La rebelde permanecía tranquila, escoltada por un imponente elemental de roca, mientras seguía incitando a la sedición con proclamas incendiarias. Sin embargo, pronto tuvo que huir de allí a toda prisa pues una patrulla de la guardia, venida del cercano Centro de Mando, apareció al poco tiempo atraída por el escándalo y con la intención de capturarla y llevarla ante las autoridades. La sediciosa draenei lo debía tener todo previsto, pues logró escabullirse con ligereza por un callejón, mientras su pétrea escolta entretenía a los guardias.
Es curioso cómo se están poniendo las cosas en Ventormenta. Se acercan tiempos extraños, desde luego, cuando la población no es capaz de agradecer todo lo que se hace por mantener la paz dentro y fuera de las fronteras. Teniendo en cuenta que vivimos bajo la constante amenaza de la Horda de Garrosh el Orco, es una locura rebelarse contra aquellos cuya misión es la de proteger al reino.
Ya nadie se acuerda de la llegada del dragón a la ciudad y lo que ello supuso.
La rebelde permanecía tranquila, escoltada por un imponente elemental de roca, mientras seguía incitando a la sedición con proclamas incendiarias. Sin embargo, pronto tuvo que huir de allí a toda prisa pues una patrulla de la guardia, venida del cercano Centro de Mando, apareció al poco tiempo atraída por el escándalo y con la intención de capturarla y llevarla ante las autoridades. La sediciosa draenei lo debía tener todo previsto, pues logró escabullirse con ligereza por un callejón, mientras su pétrea escolta entretenía a los guardias.
Es curioso cómo se están poniendo las cosas en Ventormenta. Se acercan tiempos extraños, desde luego, cuando la población no es capaz de agradecer todo lo que se hace por mantener la paz dentro y fuera de las fronteras. Teniendo en cuenta que vivimos bajo la constante amenaza de la Horda de Garrosh el Orco, es una locura rebelarse contra aquellos cuya misión es la de proteger al reino.
Ya nadie se acuerda de la llegada del dragón a la ciudad y lo que ello supuso.
Temores en la oscuridad (Diario de Tholaya)
He descendido hasta las galerías más profundas, muy por debajo de las ruinas de nuestra querida ciudad. La oscuridad me envuelve por completo como un negro y frío sudario, aunque para mí lo peor es el silencio reinante. Es un silencio ominoso y cruel, en el cual me siento pequeña y desvalida, abandonada a mis propios miedos.
El enervante silencio tan sólo es roto por el incesante goteo del agua que se cuela a través de fisuras en la roca y forma charcos en los puntos más bajos del terreno. Ni siquiera los Throggs u otras alimañas descienden tan abajo, así que, en principio, supongo que debería sentirme tranquila.
Aun así, también hay quien cuenta historias acerca de antiquísimas criaturas que se arrastran por las entrañas del mundo desde su creación y que no han visto jamás la luz, seres tan antiguos como el mismo tejido del tiempo, cuya paz podría haber sido perturbada por indeseables visitantes de la superficie como yo.
(un momento, ¿qué ha sido ese ruido?)
No debo temer. No, si he llegado hasta aquí. Es hora de emprender el camino de vuelta. En mi poder tengo un trozo de mamparo abollado y carcomido por la humedad y un puñado de remaches de las cámaras inferiores. Entregaré el fragmento a mis tutores para obtener con ello el reconocimiento delante de la sociedad y poder tener derecho a lucir mi apellido en público, pero los remaches me los guardaré. Serán para mí un tesoro de incalculable valor, un recuerdo del lugar al que pertenece nuestro pueblo y al que retornaremos algún día no muy lejano.
El enervante silencio tan sólo es roto por el incesante goteo del agua que se cuela a través de fisuras en la roca y forma charcos en los puntos más bajos del terreno. Ni siquiera los Throggs u otras alimañas descienden tan abajo, así que, en principio, supongo que debería sentirme tranquila.
Aun así, también hay quien cuenta historias acerca de antiquísimas criaturas que se arrastran por las entrañas del mundo desde su creación y que no han visto jamás la luz, seres tan antiguos como el mismo tejido del tiempo, cuya paz podría haber sido perturbada por indeseables visitantes de la superficie como yo.
(un momento, ¿qué ha sido ese ruido?)
No debo temer. No, si he llegado hasta aquí. Es hora de emprender el camino de vuelta. En mi poder tengo un trozo de mamparo abollado y carcomido por la humedad y un puñado de remaches de las cámaras inferiores. Entregaré el fragmento a mis tutores para obtener con ello el reconocimiento delante de la sociedad y poder tener derecho a lucir mi apellido en público, pero los remaches me los guardaré. Serán para mí un tesoro de incalculable valor, un recuerdo del lugar al que pertenece nuestro pueblo y al que retornaremos algún día no muy lejano.
Una grata sorpresa (Diario de Zareba Báldrek)
El día hoy ha terminado de una manera imprevista y agradable.
Me encontraba regresando a casa desde la herrería cuando decidí dar un breve paseo por la ciudad para estirar un poco las piernas y respirar aire libre del humo de la forja. Iría hasta el parque, incluso hasta el puerto, dejando que la saludable brisa marina restituyese las energías perdidas en un largo día de trabajo junto al yunque.
Caminando por los canales de Ventormenta me encontré, casí tropecé con, dos personas a las que hacía mucho que no veía. Eran el comandante Dárcius y Gìlfor el enano, dos de las antiguas Espadas de Wrynn y ex-combatientes de la reformada y luego disuelta compañía de las Espadas. Me detuve totalmente sorprendida a saludarlos y entonces reparé en sus nuevos y relucientes uniformes. Tras unos minutos de animada conversación y mil y un saludos en medio de la calle, terminamos tomando una jarra de cerveza enana en "El Ermitaño Azul" o, como se llama ahora, "El Ermitaño Taciturno".
Así me enteré de que Gìlfor había iniciado su vida de civil con una tienda de artículos pirotécnicos, aunque sin mucho éxito y, lo más importante, que la compañía había sido llamada de nuevo a filas, bajo un nuevo comandante, del cual el señor Dárcius era subalterno. Tanto él como el enano estaban haciendo labores de reclutamiento por las calles con uniforme resplandeciente, tan distinto del que usarían en campaña. De nuevo volvían a sonar los tambores de guerra, en un movimiento a gran escala que incluía la presencia de numerosos colonos a fin de expandir la influencia territorial de Ventomenta en las regiones septentrionales.
Y de nuevo, una vez mas, me preguntaba si esa vida llena de privaciones y peligros no sería en realidad lo que le faltaba a la mía, tan bien acomodada en la capital. Puede que así fuera, mas de momento poco podía hacer, pues un pedido de herrajes con destino a Arroyo de la Luna esperaba ser terminado y entregado al cliente.
Fuera cual fuese mi decisión, tendría que esperar unos días hasta que se solucionasen los asuntos pendientes.
Me encontraba regresando a casa desde la herrería cuando decidí dar un breve paseo por la ciudad para estirar un poco las piernas y respirar aire libre del humo de la forja. Iría hasta el parque, incluso hasta el puerto, dejando que la saludable brisa marina restituyese las energías perdidas en un largo día de trabajo junto al yunque.
Caminando por los canales de Ventormenta me encontré, casí tropecé con, dos personas a las que hacía mucho que no veía. Eran el comandante Dárcius y Gìlfor el enano, dos de las antiguas Espadas de Wrynn y ex-combatientes de la reformada y luego disuelta compañía de las Espadas. Me detuve totalmente sorprendida a saludarlos y entonces reparé en sus nuevos y relucientes uniformes. Tras unos minutos de animada conversación y mil y un saludos en medio de la calle, terminamos tomando una jarra de cerveza enana en "El Ermitaño Azul" o, como se llama ahora, "El Ermitaño Taciturno".
Así me enteré de que Gìlfor había iniciado su vida de civil con una tienda de artículos pirotécnicos, aunque sin mucho éxito y, lo más importante, que la compañía había sido llamada de nuevo a filas, bajo un nuevo comandante, del cual el señor Dárcius era subalterno. Tanto él como el enano estaban haciendo labores de reclutamiento por las calles con uniforme resplandeciente, tan distinto del que usarían en campaña. De nuevo volvían a sonar los tambores de guerra, en un movimiento a gran escala que incluía la presencia de numerosos colonos a fin de expandir la influencia territorial de Ventomenta en las regiones septentrionales.
Y de nuevo, una vez mas, me preguntaba si esa vida llena de privaciones y peligros no sería en realidad lo que le faltaba a la mía, tan bien acomodada en la capital. Puede que así fuera, mas de momento poco podía hacer, pues un pedido de herrajes con destino a Arroyo de la Luna esperaba ser terminado y entregado al cliente.
Fuera cual fuese mi decisión, tendría que esperar unos días hasta que se solucionasen los asuntos pendientes.
Rumbo a lo desconocido (Diario de Tholaya)
La excursión a las ruinas de Gnomeregan ha comenzado mejor de lo que esperaba. Tras mostrar a los guardianes de la puerta el permiso expedido por los atentos funcionarios en Forjaz y las once clausulas de exclusión de responsabilidades que tuve que firmar por triplicado, pude acceder a la zona controlada por nuestra infantería. Para mi sorpresa, no es muy profunda y , poco después, pueden verse las balizas de seguridad y los carteles de advertencia de que se está entrando en una zona peligrosa.
Y a partir de ahí, el silencio, roto tan sólo por los ocasionales alaridos y estruendos que hacen nuestros antiguos parientes, convertidos en desgraciadas criaturas debido a la radiación. Y los Throggs, por supuesto, los brutales invasores que nos obligaron a huir de aquí. Sus ecos resuenan en los abandonados túneles, provenientes de lo más profundo de la ciudad.
Debajo de aquel arco, está el último de nuestros guardias. Me avisará de que estoy entrando en una zona no recomendada pero me dejará pasar en cuanto vea mi permiso.
Luego, estaré sola.
Y a partir de ahí, el silencio, roto tan sólo por los ocasionales alaridos y estruendos que hacen nuestros antiguos parientes, convertidos en desgraciadas criaturas debido a la radiación. Y los Throggs, por supuesto, los brutales invasores que nos obligaron a huir de aquí. Sus ecos resuenan en los abandonados túneles, provenientes de lo más profundo de la ciudad.
Debajo de aquel arco, está el último de nuestros guardias. Me avisará de que estoy entrando en una zona no recomendada pero me dejará pasar en cuanto vea mi permiso.
Luego, estaré sola.
Un día cualquiera (Diario de Zareba)
Un nuevo día amanece en Ventormenta y sus habitantes se disponen una vez más a realizar sus rutinas diarias. Panaderos, toneleros y mercaderes abren sus negocios siguiendo las estrictas normas gremiales, mientras los ciudadanos corrientes se dedican a sus quehaceres matutinos. Hace algo de fresco, lo normal para esta época del año, claro, pero el clima ha sido bonancible en estos últimos meses.
Cierro la puerta a mis espaldas y echo la llave al enorme candado enano, que cruje y chirría como un demonio al hacerlo. "Debo comprar grasa de carreta. De hoy no pasa", me digo para mí misma mientras me guardo la enorme llave en el calzón.
Y como todas las mañanas, emprendo el camino a la herrería. Hoy tengo que hacer un pedido de clavos de herradura y unos atalajes. Mañana, quién sabe.
Un nuevo día comienza en la ciudad. Un día cualquiera...
Cierro la puerta a mis espaldas y echo la llave al enorme candado enano, que cruje y chirría como un demonio al hacerlo. "Debo comprar grasa de carreta. De hoy no pasa", me digo para mí misma mientras me guardo la enorme llave en el calzón.
Y como todas las mañanas, emprendo el camino a la herrería. Hoy tengo que hacer un pedido de clavos de herradura y unos atalajes. Mañana, quién sabe.
Un nuevo día comienza en la ciudad. Un día cualquiera...
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