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Volver al hogar (Diario de Zareba)


A la mortecina luz de las antorchas, contemplo una vez más las puertas del lugar en el que he vivido durante casi un año. Ha sido un tiempo para recordar, compartiendo el pan y la sal con estupendos camaradas de armas y sirviendo con honor al ejército de Ventormenta. Aquí, bajo la luz de las estrellas y arrullada por el susurro de las hojas de los árboles del Bosque Elwyn, recorro con la mirada una última vez los sólidos muros del recinto, las imponentes almenas y el cuerpo de guardia.
Son muchos los recuerdos que guardo de este lugar, muchas noches de vigilancia nocturna, muchos entrenamientos con veteranos...y con los novatos muchachuelos llegados desde las zonas rurales.

Ha sido una buena etapa en mi vida, mas ahora debo partir de nuevo. Ya he firmado los papeles de licencia y ahora tomo una nueva senda en el camino, un nuevo rumbo que seguramente me lleve lejos de aquí. Tengo mucho que pensar y muchas decisiones que tomar. Quizá retorne a Forjaz a ver a los míos antes de hacer ninguna elección. Volver al reino de los enanos siempre me ha resultado muy relajante. Es como volver al hogar. No, rectifico. Es volver al hogar y donde esta el hogar está el corazón.

FIN DEL DIARIO DE ZAREBA

Reunión inesperada (Diario de Zareba Báldrek)


Finalizado nuestro servicio y estando próxima la licencia o renovación para la mayoría de los miembros de la unidad, algunos acabamos reuniéndonos en la casa del teniente Pedregosa en Elwyn.  La cercanía de la estación de verano pendía en el aire y la temperatura, sin ser todavía la típica estival, invitaba a cabalgar con tranquilidad. Así pues, ensillé a mi buen y fiable Pinto y me despedí de los chicos de las garitas del cuartel, disfrutando de mi merecido permiso.

Cuando llegué a la vivienda, una magnífica casa campestre de dos plantas con establo, ya estaban reunidos algunos de los muchachos, ya se habían marchado y otros, simplemente, tenían servicios en el cuartel o no habían querido acudir. Eché de menos algunas caras, pero nada más.

Acostumbrada a ver a todo el mundo en ropa de faena, se me hacía extraña la vista de los chicos vestidos de civil. El teniente me invitó a que me sentara a su lado y me puso en situación, ya que por lo visto era la última en llegar.

Así me enteré de que algunos habían decidido, a raíz de unos pequeños desencuentros entre la oficialía en la descorazonadora campaña en las Tierras Altas de Arathi,  abandonar el ejército y licenciarse antes de firmar el siguiente reenganche. Se me preguntaba si estaría dispuesta a dejar el servicio en el ejército.

Una nueva vida se abría ante nosotros, gente de armas acostumbrada a largas caminatas y a los embates de la batalla. Sorprendida, pregunté por los motivos de dicha decisión y recibí una amplia sonrisa por respuesta, mientras una palabra flotaba en el aire: mercenarios.

No pude por menos que dar un respingo, al recordar ese camino que ya había recorrido, pero con gente menos de fiar..

El teniente, ya ex-teniente, se proponía refundar las Espadas y darles la independencia original que siempre habían querido para actuar a su antojo, lejos de las intrigas de palacio. Bueno, no demasiado lejos, ya que tendríamos contactos en la corte para obtener permisos y patrones fiables. La idea sonaba bien, y los muchachos ya estaban rondando la idea de ponerle un nombre que evocara a las Espadas y honrara su original propósito, adscritos al recién creado Gremio de Mercenarios de Ventormenta y con más libertad de la que habíamos tenido nunca.

Mas tarde, camino de la taberna en  Villa Dorada, pensaba en las cosas que tendría que hacer después de licenciarme del ejército, si es que eso es lo que iba a hacer, y en cómo tendría que poner de nuevo en orden la herrería o intentar recuperar a algunos de mis viejos clientes mientras se llevaban a cabo los trámites.

Pero eran detalles que se solucionarían con el tiempo. Las Espada volvían a ser independientes y eso era lo que importaba.

Nuevos reclutas (Diario de Zareba)


"Puede que no sean ustedes mas que una panda de reclutas de los que no se espera gran cosa por ahora, pero están en camino de convertirse en soldados de la Alianza.
Por ello se les tratará con dureza pero se recompensarán sus esfuerzos.
Se los convertirá en las gloriosas espadas que la alianza necesita contra sus enemigos y en los defensores de sus gentes. 
Mas para empezar a andar ese camino y para evitar que vayan al cepo o al calabozo hasta que sean eso, repasemos unas cuantas normas básicas."

(Arenga del Teniente Darcius Pedregosa frente a las puertas del Cuartel de Arroyoeste)

Como en los viejos tiempos (Diario de Zareba)

Empuñar un espada, es lo que necesito. Volver a saborear la vida desde el lado apropiado del pomo de un arma, sentir el fragor de la batalla y la sensación de estar cumpliendo con el deber, son cosas que me hacen sentir viva, útil y eficaz.

La fragua y la pequeña herrería del distrito enano no llegaron a cubrir toda mi sed de vida.  Martillear incesantemente sobre el yunque bajo el calor de las ascuas, atender y regatear los pedidos de granjeros, labradores y carreteros para, al acabar el día, disfrutar de una jarra de espumosa cerveza enana en El Cerdo Borracho, era todo a lo que se reducía mi rutina.

Cada noche oiría las mismas historias una y otra vez, soportaría a presumidos gañanes que no tendrían ninguna oportunidad en un campo de batalla de verdad y, enventualmente, terminaría huyendo a casa, lejos de tan lamentable espectáculo. Patanes ebrios, mujeres de vida fácil, carteristas y timadores son la esencia de cualquier cantina y parece que esta en concreto atrae a la gran mayoría de ellos, como el gran remolino que dicen que existe en medio del gran océano y que espero ver algún día.

No se hacer otra cosa. Soy soldado.

Por eso cerré la herrería y me puse en camino hacia el Centro de Mando de Ventormenta, para alistarme bajo la enseña de la Corona y bajo el mando de buenos camaradas de armas, fiables y leales. De momento, hay tres reclutas, aparte del teniente Dárcius y el teniente Gílfor, pero pronto llegarán más y volveremos a ser una unidad de combate.

Las espadas serán de nuevo forjadas para servir en la batalla, como en los viejos tiempos.

Tiempos extraños (Diario de Zareba)

La multitud se agolpaba alrededor de la mujer que hablaba con aire altivo en contra de la Corona. Para mi sorpresa, era una hembra draenei la que incitaba a la plebe a rebelarse contra el Rey, criticando abiertamente el gobierno de Waryan Wrynn en plena calle. Nunca hubiera imaginado que los draenei, a los cuales tenía por una raza noble y luminosa, se involucrasen en la política de los reinos humanos con tanto arraigo, mas los tiempos están cambiando últimamente y cada vez son más los hijos de draenor que han adoptados los usos y costumbres humanos en vez de retornar a su lejano hogar.

La rebelde permanecía tranquila, escoltada por un imponente elemental de roca, mientras seguía incitando a la sedición con proclamas incendiarias. Sin embargo, pronto tuvo que huir de allí a toda prisa pues una patrulla de la guardia, venida del cercano Centro de Mando, apareció al poco tiempo atraída por el escándalo y con la intención de capturarla y llevarla ante las autoridades. La sediciosa draenei lo debía tener todo previsto, pues logró escabullirse con ligereza por un callejón, mientras su pétrea escolta entretenía a los guardias.

Es curioso cómo se están poniendo las cosas en Ventormenta. Se acercan tiempos extraños, desde luego, cuando la población no es capaz de agradecer todo lo que se hace por mantener la paz dentro y fuera de las fronteras. Teniendo en cuenta que vivimos bajo la constante amenaza de la Horda de Garrosh el Orco, es una locura rebelarse contra aquellos cuya misión es la de proteger al reino.

Ya nadie se acuerda de la llegada del dragón a la ciudad y lo que ello supuso.

Una grata sorpresa (Diario de Zareba Báldrek)

El día hoy ha terminado de una manera imprevista y agradable.

Me encontraba regresando a casa desde la herrería cuando decidí dar un breve paseo por la ciudad para estirar un poco las piernas y respirar aire libre del humo de la forja. Iría hasta el parque, incluso hasta el puerto, dejando que la saludable brisa marina restituyese las energías perdidas en un largo día de trabajo junto al yunque.

Caminando por los canales de Ventormenta me encontré, casí tropecé con, dos personas a las que hacía mucho que no veía. Eran el comandante Dárcius y Gìlfor el enano, dos de las antiguas Espadas de Wrynn y ex-combatientes de la reformada y luego disuelta compañía de las Espadas. Me detuve totalmente sorprendida a saludarlos y entonces reparé en sus nuevos y relucientes uniformes. Tras unos minutos de animada conversación y mil y un saludos en medio de la calle, terminamos tomando una jarra de cerveza enana en "El Ermitaño Azul" o, como se llama ahora, "El Ermitaño Taciturno".

Así me enteré de que Gìlfor había iniciado su vida de civil con una tienda de artículos pirotécnicos, aunque sin mucho éxito y, lo más importante, que la compañía había sido llamada de nuevo a filas, bajo un nuevo comandante, del cual el señor Dárcius era subalterno. Tanto él como el enano estaban haciendo labores de reclutamiento por las calles con uniforme resplandeciente, tan distinto del que usarían en campaña. De nuevo volvían a sonar los tambores de guerra, en un movimiento a gran escala que incluía la presencia de numerosos colonos a fin de expandir la influencia territorial de Ventomenta en las regiones septentrionales.

Y de nuevo, una vez mas, me preguntaba si esa vida llena de privaciones y peligros no sería en realidad lo que le faltaba a la mía, tan bien acomodada en la capital. Puede que así fuera, mas de momento poco podía hacer, pues un pedido de herrajes con destino a Arroyo de la Luna esperaba ser terminado y entregado al cliente.

Fuera cual fuese mi decisión, tendría que esperar unos días hasta que se solucionasen los asuntos pendientes.

Un día cualquiera (Diario de Zareba)

Un nuevo día amanece en Ventormenta y sus habitantes se disponen una vez más a realizar  sus rutinas diarias. Panaderos, toneleros y mercaderes abren sus negocios siguiendo las estrictas normas gremiales, mientras los ciudadanos corrientes se dedican a sus quehaceres matutinos. Hace algo de fresco, lo normal para esta época del año, claro, pero el clima ha sido bonancible en estos últimos meses.

Cierro la puerta a mis espaldas y echo la llave al enorme candado enano, que cruje y chirría como un demonio al hacerlo. "Debo comprar grasa de carreta. De hoy no pasa", me digo para mí misma mientras me guardo la enorme llave en el calzón.

Y como todas las mañanas, emprendo el camino a la herrería. Hoy tengo que hacer un pedido de clavos de herradura y unos atalajes. Mañana, quién sabe.

Un nuevo día comienza en la ciudad. Un día cualquiera...

Volver al hogar (Diario de Zareba)

Shatrath, la ciudad de la raza draenei, brilla como una gema en medio del tupido bosque de Terokkar. Reconquistada hace tiempo por las fuerzas de la luz, su sóla presencia es como un faro de esperanza en esta tierra tan extraña y llena de oscuridades y a ella acuden refugiados de todas las razas unidos con el único propósito de sobrevivir. No es extraño ver orcos por los arrabales de la ciudad, compartiendo sus pobres calles con otras razas antagonistas como los humanos, por poner un ejemplo. Esto es algo que llama la atención y me desconcierta, y me hace pensar en qué otros rumbos podría haber llevado nuestro viejo mundo si las decisiones hubieran sido diferentes.

En cuanto a los draenei, he descubierto mucho de ellos en el tiempo que llevo en Terrallende. Son una raza noble y muy avanzada, a pesar de que toda su tecnología cristalina no procede directamente de ellos, sino que ha sido cedida por los Naaru, una raza de seres etéreos que culturas menos desarrolladas tomarían por dioses si se topasen con ellos. En su ciudad he descubierto un portal que lleva directamente a Ventormenta y he sentido una punzada en el corazón al entrever su calles empedradas y sus tejados azules brillando al sol de la mañana.

Hoy, sentada en la Taberna del Fin del Mundo, ha tomado una decisión que llevo posponiendo. Retornaré a Ventormenta a través del portal. Llevo demasiado tiempo aquí. Es hora de volver a casa otra vez.

Misión cumplida (Diario de Zareba)

- Bastión Allerian. Bosque de Terokkar -

He cruzado medio continente para llegar hasta aquí, pero por fin pude cumplir con mi deber y entregar el mensaje que me fue confiado. El Capitán Willheim, postrado en cama por unas fiebres, se sorprendió bastante de que alguien hubiera recorrido tal cantidad de leguas para entregar el mensaje y redactó una carta de recomendación en agradecimiento por semejante servicio. He de decir que me siento orgullosa de haber llegado hasta aquí, aunque también me siento muy cansada. Demasiado, quizá.

Atrás quedaron las frías y húmedas marismas de Zangar, habitadas por todo tipo de viscosas criaturas  y el paisaje torturado de la Península del Fuego Infernal, con sus demonios y sus ruinas habitadas por los espectros de los hombres que murieron para defenderlas. Ahora tengo por delante un nuevo futuro y un largo camino de vuelta a casa.

Probablemente me quede un tiempo por esta región, mientras encuentro un modo de regresar. Echo de menos Ventormenta..

Búsqueda en el infierno (Diario de Zareba)

Cruzar el Portal Oscuro hacia Terrallende es probablemente una de las cosas más absurdas que haya hecho en toda mi vida. Han pasado ya varias semanas desde que llegué a este lugar y no hay ni rastro del capitán Willheim. Lo último que se supo de él era que marchó hacia el Bastión, la fortaleza de la Alianza en plena península infernal, mas allí tampoco saben nada, salvo que partió con órdenes secretas a un sitio llamado la Marisma de Zangar.

Este lugar es realmente espantoso, una tierra devastada por energías infernales y cuyas tremendas heridas, bien visibles desde el aire, no parece que vayan a cicatrizar nunca. En cuanto pueda entregar el mensaje me marcho de aquí para no retornar nunca.

Punto final (Diario de Zareba)

Conseguí darles esquinazo a los ogros del valle, mas ahora parece que no ha servido de mucho, pues todo se ha complicado. El Capitán Willheim no se encuentra ya aquí, por lo que me han podido confirmar los muchachos de la guarnición. Hace dos días que cruzó el Portal, con destino al Bastión del Honor en Terrallende.

Terrallende...un lugar que sólo conozco de oídas y nunca para nada bueno. Dicen que fue el hogar de los orcos cuando atravesaron el Portal para invadir nuestro mundo. También dicen que es una tierra espantosa, plagada de demoniacas bestias y horrores interminables. Sin embargo, ese lugar es a la vez el hogar de la raza draenei, una de las más honorables y extrañas que he conocido nunca. Es casi como un mal chiste que semejantes criaturas hayan sobrevivido en tal lugar, aunque eso dice mucho de la fortaleza física y mental de los draenei.

Mirando el Portal desde lo alto de esta colina y recorriendo con la mirada sus mil veces malditas jambas, me pregunto si no habrá llegado el momento de mandarlo todo al cuerno e incumplir esta absurda misión.

Abrirse paso (Diario de Zareba)

Debo llevar una misiva al Capitán Wilheim, que está acampado en algún lugar cerca del Portal Oscuro a la espera de órdenes. Tan sólo la mención de ese lugar maldito me pone el vello de punta pero no queda más remedio que ir hasta allá si quiero entregar este pergamino. Me juego en ello el prestigio de mensajera por estos pagos y no sería un comienzo nada alentador fallar en un envío.

El principal problema que tengo entre manos ahora mismo son los estúpidos ogros que se interponen entre yo y mi destino. Quizá podrían haber acampado en otro lugar, o yo haber tomado otra ruta, pero ya es un poco tarde para eso. Tendré que confiar otra vez en la rapidez de Sombrapico para salir de esta atravesando el poblado de esas criaturas antes siquiera de que reaccionen. Creo que no me han visto, así que regresaré sobre mis pasos hasta el lugar donde dejé escondida mi montura.

Abrise paso, esa es la primera clave de este negocio. Correr mucho, sin duda, es la segunda.

Cambio de rumbo (Diario de Zareba)

La muerte de Morgrimm me afectó más de lo que hubiera deseado. De repente, la vida misma parecía carecer de sentido. Incluso el trabajo en la herrería se volvía monótono y tedioso, como un camino que da vueltas y vueltas para no ir a ningún lado. Ni siquiera mantuve el contacto con los miembros de las Espadas, desperdigados por la faz de Azeroth, así que sólo me queda suponer que les habrá ido bien.
Sabrán cuidarse, de eso estoy segura.

Al final, he retornado a lo único que sé hacer, que no es otra cosa que poner mi espada y mis talentos al servicio del mejor postor y vivir con ello.

Es por eso que me encuentro de nuevo en la fortaleza de Nethergarde. Se necesitan buenos mensajeros en este nuevo frente de batalla, jinetes rápidos capaces de traspasar los territorios ocupados por el enemigo y llevar órdenes y contraórdenes entre los oficiales, un trabajo que sé hacer.

Un trabajo que me alejará de mis demonios interiores y de mi pasado..

Tristeza (Diario de Zareba)

Ya pasó todo.

Hacía mucho que no venía por la ciudad enana de Forjaz, pero nunca me imaginé que lo haría de esta manera. No se por qué, pero siempre supuse que la muerte me alcanzaría a mí antes. El Clan Báldrek no es muy numeroso, así que ha sido fácil reunir a casi toda la familia en estos momentos tan intensos.

Todavía está fresco en mi memoria el recuerdo del mensajero plantado delante de mi puerta, sosteniendo el pergamino con el sello familiar. Esa mañana había sido especialmente triste, como si anticipase la llegada de funestas noticias. Pagué al mensajero y desenrollé el pergamino, esperando encontrar alguna noticia importante, como un enlace matrimonial de alguna de las jóvenes doncellas del clan, mas el contenido de la carta era de una naturaleza muy distinta. Era una citación para un funeral. Eran las exequias del enano Morgrimm.

Me senté en una silla y lloré largamente, embargada por la tristeza y el dolor. Morgrimm, mi querido primo adoptivo, había muerto en las estribaciones de Pico Nidal a manos de los trols de las montaña. Al parecer, cayó defendiendo una carreta de suministros que había caído en una emboscada. Dió su vida por salvar la de unos completos extraños, unos enanos ajenos a su clan. Muy típico del afanoso enano..

Ahora sus restos yacen en las frías catacumbas debajo del templo, enterrados como los defensores del pueblo enánico caídos en el cumplimiento de una causa justa. Se grabarán en piedra sus hechos valerosos, para que todos los Báldrek que pasen por aquí no olviden su historia de entrega y para que todos los jóvenes aspirantes a paladín que acuden a diario al templo de Forjaz puedan rendirle los honores que se merece.

Ahora que se han marchado todos arriba, tan sólo quedo yo. El eco de sus pisadas y quedos susurros todavía llega hasta aquí por las escaleras de piedra. Adios, querido primo. Adios, querido enano.

A partir de ahora, mi vida estará un poco más vacía..

Nuevo estilo de vida (Diario de Zareba)

La reincorporación a la vida de civil poco a poco es una realidad. Tras pasar un tiempo en Forjaz visitando al resto de los Báldrek, decidí regresar a Ventormenta, mi ciudad de origen. Con el dinero que logré ahorrar mientras estaba en las Espadas, he pagado el alquiler de una pequeña vivienda en el casco antiguo. No es gran cosa, pero me permitirá disponer de un refugio seguro y apacible en la populosa capital. Aun no se si me quedaré definitivamente aquí o me marcharé, pero ya se irá decidiendo sobre la marcha. De momento, tengo un pequeño trabajo en una herrería que me permite ir manteniéndome, lo cual no es poco.Me pregunto cómo les irá a los otros y si habrán sabido adaptarse a este nuevo estilo de vida..

Incursión (Diario de Zareba Báldrek)

La humedad de este lugar penetra hasta los huesos, hace calor y los insectos zumban molestamente cerca de nuestros oídos. Aparte de eso, ningún otro sonido rompe la aparente tranquilidad de este sitio.

Pero es una tranquilidad engañosa. El Pantano de las Penas guarda celosamente sus secretos entre las antiguas ruinas que sobresalen aquí y allá entre las aguas, restos de una era ya olvidada.

Nuestra misión consiste en adentrarnos en el pantano y efectuar tareas de reconocimiento. Según los informes de los espías, aquí podría estar acumulándose una gran cantidad de fuerzas del enemigo, destinadas a nutrir el asedio de Nethergarde.

La teniente nos indica que debemos avanzar en sigilo. No me gusta ni un pelo el silencio de este lugar.

Camino de Nethergarde (Diario de Zareba)

Este lugar es espantoso. No hay ni una brizna de hierba en muchas leguas a la redonda y la tierra aparece torturada y reseca hasta donde alcanza la vista. El seco viento barre sin piedad la resquebrajada llanura, salpicada de los restos de antiguas batallas alrededor de la fortaleza de Nethergarde.

Según el teniente Dárcius, llegaremos mañana a sus muros con el alba. Eso, suponiendo que no haya caído en manos de los asaltantes orcos. De momento, vamos a acampar entre unas viejas ruinas, a la espera de que llegue el día y podamos avanzar hasta nuestro destino. No encenderemos fuego esta noche para no alertar a ningún posible merodeador.

Va a ser una noche muy larga.

De nuevo en el Paso (Diario de Zareba)

Retenidos en el Paso de la Muerte, esperamos a que el camino esté libre. Los ogros de la región están en pie de guerra y nos han tendido varias emboscadas desde las cumbres.

Al final, temiendo que la noche nos alcanzase al descubierto, el teniente Dárcius nos ha llevado hasta un recodo del camino en el que hemos podido montar una tienda de campaña a la espera de que llegue el nuevo día. Dárcius conoce este sitio de una de nuestras anteriores incursiones en la región, cuando todavía nos llamábamos Espadas de Wrynn. Hace ya tanto tiempo de aquello que casi lo había olvidado.

Vigilaremos durante toda la noche por si a los ogros les da por atacarnos. Hace frío y tengo hambre, pero sabré aguantarme hasta la hora de la cena.

Sentimientos (Diario de Zareba)

Una tumba anónima y perdida en el bosque es todo lo que queda de mi linaje humano. Eso y la herrumbrosa espada que presuntamente perteneció a mi padre y que guardo entre mis pertenencias más preciadas, a pesar de ser un arma corriente y sin valor. Esgrimirla me causa una gran tristeza...

Todo lo demás, incluidos los recuerdos, se lo llevaron los licántropos del Bosque del Ocaso hace demasiado tiempo y poco importa ya. Recibí una vida y una educación con los Báldrek y eso es lo que importa ahora.

Sin embargo, he de admitir que la sóla presencia de los Huarguen, los hombres-lobo venidos del reino de Gilneas y aliados con Ventormenta, me llena de una profunda repugnancia. Pasean sus miserables existencias entre nuestra gente y por nuestras calles como si fuera lo más corriente, como si su mal no estuviese presente, incluso presumiendo de su parte animal delante de los "simples humanos".

Se que en el ejército, muchos de ellos están sirviendo con valor y devoción dignas del mejor de los soldados humanos, y que incluso entre las Espadas hay algunos de ellos, pero no consigo quitarme de encima esa extraña sensación de repulsión cuando noto su presencia cerca.

En fin, debo regresar a Ventormenta y coger el primer barco a Theramore. El permiso se acaba y debo retornar a mi puesto me gusten o no los Huargen. Quizá algún día me libre de este sentimiento, pero hoy no tiene pinta de ser ese día.

Quizá mañana...

Días de permiso (Diario de Zareba)

Tras nuestra misión en Los Baldíos, nos concedieron unos días de permiso, concretamente una semana, así que aproveché la ocasión para visitar a mis padres adoptivos en Forjaz. Hacía mucho que no venía por aquí y no sabía qué recibimiento iba a tener después de tantas ausencias y repetidos rechazos a sus invitaciones.

El clan Báldrek sigue siendo considerado una familia de excéntricos para los cánones enanos, sobre todo por haber vivido tanto tiempo entre los humanos de Ventormenta o , como dicen por aquí, "por vivir sin un techo protector encima de sus cabezas". Y la presencia de una hijastra humana no contribuye a favorecer precisamente las cosas..

Aun así, fueron días muy emotivos para todos. He comido estofado de Forjaz y bebido cerveza negra enana casi hasta reventar, y he aprovechado para recuperar todo el tiempo perdido lejos de lo que ahora considero mi verdadero y genuino hogar, por mucho que a algún barbudo huraño le parezca mal. No se puede tener contento a todo el mundo..