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Paseo nocturno (Diario de Morgrimm)

Querida Zareba:

Aprovecho que he salido un rato a estirar las piernas después de la cena para escribirte unas líneas. Como no sé donde paras, te mandaré esta carta directamente al cuartel de Arroyoeste.

Llevo en Pico Nidal un par de días, disfrutando de la hospitalidad de nuestros primos, los enanos Martillo Salvaje. De entre todos los miembros de la familia enana, no había estado nunca cerca de gente tan tosca como esta. En comparación con ellos, cualquier tragapán de Kharanos es un marqués a su lado. Incluso su cocina es bárbara. De hecho, uno de los motivos para salir a dar una vuelta es el olor de las tripas cocidas que ha hecho el cocinero para la cena. Repugnante, creeme.

Pero son buena gente, moldeada al estilo salvaje de estas tierras. Son valerosos guerreros y cazadores, y sus chamanes están considerados los mejores del mundo por su especial relación con los elementos de la tierra. Son valiosos aliados y además parientes, por mucho que nos parezcan extrañas sus costumbres.

Empieza a refrescar. Vuelvo adentro. Que tus barbas crezcan largas y lozanas (es un decir).

Morgrimm Báldrek

Antes de que llegue la noche (Diario de Morgrimm)

Stromgarde. Antes era una gloriosa fortaleza, pero hoy es el hogar de maleantes y sabandijas de la peor especie. Bajo sus carcomidos muros se refugian los buitres que asolan esta tierra y se alimentan de los restos de lo que antaño fue un orgulloso y próspero reino.

Me dirijo, cruzando las colinas de Arathi, hacia el Refugio de la Zaga, lugar en donde quiero pasar la noche. Me gustaría llegar hasta allí antes de que la oscuridad me alcance en estos desolados parajes, pues criaturas no-muertas recorren estos mismos caminos bajo la tenue luz de la luna y dan caza sin piedad alguna a los vivos que tienen la desgracia de aventurarse más de lo debido en sus dominios. Mi carnero de monta golpea inquieto con sus pezuñas sobre las piedras de la vieja calzada. Quiere marcharse, y no lo culpo. Este no es lugar para detenerse. Debo proseguir, antes de que llegue la noche.

Limpiando las montañas (Diario de Morgrimm)

Seguí a la bestia hasta su inmunda guarida. Había oído historias abajo en el valle, pero eran habladurías contadas a la luz del fuego y con un jarro de cerveza en las manos, así que decidí ir a investigar yo mismo qué estaba diezmando los rebaños de Dun Morog. Es lo mínimo que puede hacer un paladín de Forjaz, creo yo.

Supuse que sería algún gran oso hambriento, incluso un trol desesperado, ya que los wendigos no se habrían acercado tanto a la capital, al menos hasta la fecha. Pronto encontré un rastro de destrucción digno de una de estas criaturas. Hacía un frío de mil demonios y la sangre congelada del suelo se quebraba bajo mis botas reforzadas.

Gracias a los Titanes que miré hacia arriba cuando noté que el cielo se estaba nublando, justo a tiempo de ver que era la enorme sombra del yeti más abrumador que me haya encontrado jamás. Nunca había oído hablar de una cosa tan grande y tan peluda. Me fué de un pelo cuando su maza descendió trazando un arco sobre mi cabeza y, al intentar esquivarla, resbalé en el hielo. La pesada arma se incrustó en el muro a mi costado, momento que aproveché para colocarme a su espalda y emprenderla a golpes con la criatura.

Un oponente torpe suele usar la fuerza bruta más que la astucia y sus tácticas acaban siendo previsibles. Tan sólo es cuestión de aguantar sin ser alcanzado hasta que se canse. Así, al cabo de un largo rato de lucha, logré derribar a mi enemigo, el cual se desmoronó como un alud. Ya no volvería a ser un peligro nunca más para nadie.

Una vez que me hube asegurado de que no había más de esas cosas por la montaña, regresé tranquilamente a Forjaz a tomarme una bien merecida cerveza al calor de la lumbre. Bien está lo que bien acaba, digo yo.

Celebraciones Lunares (Diario de Morgrimm)

Querida Zareba,

Los druidas han llegado a Forjaz como cada inicio de ciclo, para celebrar los Festejos Lunares. Toda la ciudad está engalanada en honor a los antiguos ritos y el olor de la pólvora de los fuegos de artificio llena las vastas cavernas de la ciudad subterránea. En estos tiempos tan turbulentos para el reino enano, es curioso cómo todavía hay quien sigue las antiguas costumbres, ajeno a las inquietudes de estos nuevos tiempos que nos ha tocado vivir.

Espero que estés bien, allá lejos en Theramore. Aún me acuerdo de cómo te daban miedo los cohetes de los Cenarion cuando eras una mocosa allá en el Distrito Enano de Ventormenta. Pensar en ello me hace reir.

Cuídate mucho y demuéstrales de qué material están hechos los Báldrek.

Morgrimm Báldrek

Patrulleros del futuro (Diario de Morgrimm)

¡ Ten cuidado muchacho ! ¡ Esas copas de los árboles están rozándome las piernas ! ¿Eso era un pájaro?
En qué momento acepté la ayuda de este condenado gnomo del demonio..

Y eso que, en principio, la idea de patrullar la región desde el aire no parecía tan mala. "Controlarás todo a vista de pájaro, amigo enano" - me dijo - " El futuro de las patrullas serán los controles aéreos, sin lugar a dudas. Todo vigilado desde el aire. Usaremos mi nuevo invento volador, ya verás como todo sale bien" - me aseguró más tarde.

Y aquí estoy yo, patrullando los cielos como un "vigilante del futuro", en medio de un estruendo ensordecedor y sin poder despegar los párpados, subido en una máquina experimental pilotada por un pequeño lunático de sonrisa angelical mientras el Martillo Crepuscular se parte de risa.

Malditos gnomos y sus enloquecidos cacharros...

Contra el Martillo Crepuscular (Diario de Morgrimm)

- Loch Modan -

La infame organización del Martillo Crepuscular debe pagar por sus crímenes y no va a ser tarea sencilla de acometer. Como vigilante de la Ley y el Orden en estos pagos, me toca enfrentarme a su amenaza en tierras enanas. Estoy cansado de guerrear contra los malditos ogros que infestan estas montañas, viles criaturas,  que han pasado de ser simples bandidos a convertirse en esclavos de amos más siniestros.

Sus construcciones infestan las montañas y sus malas artes atormentan el espíritus de las piedras, retorciendo su naturaleza para convertirlas en pervertidas obras salidas del abismo. Para los enanos, amantes de la roca y el metal, esta es una de las mayores afrentas que podíamos llegar a sufrir. El mal debe ser purgado, mas temo que seamos demasiado pocos y estemos más divididos de lo que yo pensaba.

Mucho por hacer (Diario de Morgrimm)

Tras el paso del dragón por Azeroth nada volverá a ser lo que era. La destrucción de la Presa de las Tres Cabezas, el orgullo ingenieril de la raza enana en Loch Modan, es tan sólo uno de los muchos ejemplos de la devastación que ha sufrido nuestro mundo.

He retornado a nuestra patria para descubrir que los cambios son todavía más importantes dentro de la ciudad. El Rey ha desaparecido y en su lugar gobierna un Consejo de Regencia con representación de las tres principales ramas de nuestra raza: los Barbabronce, los Hierro Negro y los Martillo Salvaje. Esta nueva situación no resulta del agrado a bastantes de los habitantes de la ciudad bajo la montaña, pero es la mejor solución de compromiso que se ha podido lograr para mantener la estabilidad del reino y evitar conflictos mayores.

He retornado a nuestra patria para ayudar con mi servicio y eso es lo que haré, pero me temo que hay mucho por hacer..

Saliendo a la calle (Diario de Morgrimm)

La recuperación de las heridas sufridas en el asalto de los elementales a la ciudad ha sido lenta, mas ya creo que estoy prácticamente curado. Tener la recia constitución física de un enano ayuda en el proceso, desde luego. Han pasado ya muchos días desde que toneladas de piedra y madera decidieran comprobar el grado de resistencia de mi cuerpo, pero los moratones todavía adornan mi piel, como un recuerdo de lo cerca que estuvo el fin de Morgrimm Báldrek.

Hoy es el primer día que salgo a la calle desde aquello. Tengo ganas de ver si han comenzado las obras de reconstrucción de la ciudad. Me han dicho que el dragón hizo temblar los cimientos de Ventormenta como si fuera un flan de crema. Casi siento lástima de habérmelo perdido..

La última carga (Diario de Morgrimm)

El agua cae salvajemente y forma torrenteras en las escalinatas, arrastrando a hombres y bestias, que pugnan por escapara su cruel destino. Gritos, confusión, caos....

Maldigo la cortedad de mis piernas mientras corro por el empedrado como si no hubiera un mañana. Y quizá no lo haya. Los malnacidos de los Cultistas del Desastre han terminado por tener razón y el mundo entero parace irse al garete. ¡ Maldita sea!

Tropiezo y caigo de bruces en un charco en medio de la calle. Tengo que rodar hacia un lado para evitar que la enloquecida multitud que huye de la Plaza de la Catedral me arrolle a su paso. Jadeo y trato de recuperar el aliento, mientras los rezagados escapan aterrorizados del centro de la ciudad.

Algo cae cerca de mí , rebotando en el muro. Es un cuerpo humano, arrojado como un guiñapo contra el umbral de la casa en la que intento refugiarme. Y entonces lo veo, aterradoramente majestuoso en medio de la tempestad: una criatura del plano elemental de agua está aniquilando a toda criatura viviente en su camino desde el Barrio de los Magos. Su enorme mole se abre paso entre los guardias como el viento entre las hierbas, apartándolos, destrozándolos, mientras los bravos soldados tratan, inútilmente, de hacerle frente.

A la criatura pronto le siguen otras más, sembrando el pánico y la destrucción a su paso. Es el fin de la ciudad, el fin del mundo...

Pienso en Zareba, en mi pequeña Zareba, atrapada en cualquier parte, si no muerta ya. El pensamiento de haber estado tan cerca de la seguridad de la ciudad enana de Forjaz hace que me hierva la sangre y logro ponerme de pie apoyandome en el martillo de guerra. Tengo la rodilla hinchada por el golpe y el agua se derrama desde mis mojadas barbas sobre el suelo.

Debo encontrar a Zareba a toda costa, pero la criatura elemental ya se ha percatado de mi presencia y se dirige hacia donde me encuentro. Tras tomar aliento, cargo hacia adelante ignorando el dolor que amenaza con arrancarme la pierna. No tengo ninguna posibilidad de vencer a este enemigo.

Hoy ha sido un magnífico día..

Algo está pasando (Diario de Morgrimm)

Algo siniestro ocurre en la ciudad de Ventormenta. Vine aquí con la intención de retomar mi búsqueda, si es que hay algo que encontrar a estas alturas, y me encuentro con una ciudad en la que estrafalarios individuos pregonan por las calles sandeces acerca del fin del Mundo. Y lo peor es que tienen oyentes demasiado entusiastas.

En los oscuros rincones de las tabernas se habla incluso de desapariciones. No me gusta nada el cariz que están tomando los acontecimientos por estos lugares. Los humanos son una raza dada a las fantasías fáciles y las revoluciones. No me extrañaría nada que todo esto terminase en un baño de sangre.

Si está viva, debo hallar a Zareba a toda costa y llevármela a la seguidad de Forjaz..

Lo que de verdad importa (Diario de Morgrimm)

Sentado delante de una cerveza y hastiado de la inactividad en la fortaleza de Forjaz, me pregunto qué rumbo ha tomado mi vida y qué otros caminos podría haber emprendido. No es que lamente servir al Rey en su ciudadela, pues semejante honor es algo que muchos enanos desearían para su linaje, pero sí que echo de menos la vida errante a la que tanto me acostumbré. Me hace falta sentir la brisa de las montañas, el duro empedrado de la Calzada Real bajo mis pies y la bendición de mis antepasados en el cumplimiento de mi sagrada labor de paladían errante.

También hay otras cosas que me rondan por la cabeza, como el haberle fallado a mi querida niña humana cuando más me necesitaba. La disolución del Alba Carmesí consiguio absorber mis pensamientos de tal modo que no pude advertir lo evidente y olvidé mis verdaderas obligaciones. Quizá no resulté tan buen protector como pensaba, si permití que mi pequeña desapareciera sin más. Lo último que supe de ella es que había estado en prisión por agredir a un oficial, tras lo cual su rastro se perdió para siempre entre las intrigas de Ventormenta.

En la ciudadela de piedra hay excelentes paladines, la mayoría mucho mejores que yo, como para servir al Rey Barbabronce tal y como se merece un monarca. No costará mucho obtener la dispensa del servicio y, después, partiré en busca de lo que de verdad importa.

Guardián de la Ciudadela (Diario de Morgrimm Báldrek)

Dar un sentido a la vida es todo lo que un Paladín puede desear. He vagado sin rumbo fijo demasiado tiempo, luchando contra las injusticias y defendiendo a los débiles de los peligros de este mundo, pero algo en mi corazón me reconcome en demasía, sin saber muy bien qué era, hasta que puse de nuevo los pies en mi querida ciudad de Forjaz, la impresionante fortaleza enana excavada en la roca por manos expertas y apuntalada con el mejor acero enano del mundo...

Y entonces lo tuve claro, como la luz del alba llega a rasgar la noche más oscuras al llegar su hora. Forjaz, la amada capital, es mi destino y mi lugar. He decidido servir al Rey Barbabronce en cuerpo y alma pues no hay mayor honor para un enano que defender la sede de su más selecta cultura.
 Por eso he hecho esta tarde el Juramento al Rey Bajo la Montaña, el pacto ancestral que ligará mi honor a la defensa de la ciudadela. Hasta aquí he llegado y aquí cierro mi diario.

Morgrimm Báldrek, en el vigésimosegundo día del séptimo mes.

Adios a la ciudad de la Luz (Diario de Morgrimm)

El retiro voluntario de la esfera política del Gran Maestre Arkhon ha supuesto el cambio pa ra la Orden del Alba Carmesí. Es una nueva etapa, un nuevo camino lleno de incertidumbres. Para sobrellevar el peso de la titánica tarea llevada a cabo por el Alba, nuestros líderes han decretado una fusión con la también famosa Orden del Sendero de los Sueños, con la que ya estábamos hermanados, con el fin de repartirse responsabilidades. Que la Luz les guíe siempre en su benefactora labor.

En cuanto a mí,  me marcho a seguir mi propia senda: servir a los necesitados de justicia y defensa. El camino en solitario será más duro, pero los enanos somos gente fuerte. ¡ Adios, bella ciudad de Shattrath ! 
¡ Nunca olvidaré tus avenidas bien cuidadas ni el brillo luminoso de tus plazas !

Altercado en la Feria (Diario de morgrimm)

No habiendo encontrado más pistas acerca del paradero de la chica humana, me marché a la Feria de la Luna Negra, lugar donde mis hermanos de orden estaban haciendo diversas actividades benéficas para obtener fondos para el nuevo hospicio. Sin embargo, no todo iba a transcurrir tranquilamente, pues un individuo, ataviado como un marino, comenzó a molestar a los caballeros con comentarios y actitudes soeces, por lo que se le pidió que abandonara el recinto ferial, a lo que el ofensor se negó aumentando sus baladronadas.

Hubo momentos de tensión mientras los neófitos de la orden intentábamos reducirlo para echarlo de allí. ¡ El muy insolente se atrevió incluso a tirarme de la barba ! Ciego por la furia, cargué contra él pensando en derribarlo, mas el rufián estaba curtido en estas lides y acabé dando tumbos entre unas cajas y sintiéndome muy ridículo, ofendido en mi honor. Otros hermanos intentaron lo propio y también fueron derribados. al final, el sinvergüenza se escapó, llevándose la espada de uno de los caballeros. Creo que lo tenía planeado desde el principio.

Últimamente, la Orden está recibiendo demasiadas provocaciones de este estilo, quizá debido a su carácter neutral en el conlflicto entre la Alianza y la Horda. Me pregunto si no hay alguien detrás de todo esto..

Frustración (Diario de Morgrimm)

Imposible encontrar rastro alguno de Zareba. Incluso el nombre de las Espadas de Wrynn resulta extraño para muchos, lo cual me deja bastante perplejo, pues creía que eran una orden militar bastante conocida en la ciudad. Es posible que, tras los desórdenes sufridos en Ventormenta, muchas cosas hayan cambiado. Demasiadas idas y venidas, demasiados cambios de personal...Temo lo peor.

La única referencia que he tenido me la ha dado un borracho del puerto y no es muy fidedigna que digamos. En medio de sus desvaríos e incoherencias, creo haberle entendido que tras la muerte de su comandante al regresar desde la guerra en Vallefresno, las Espadas fueron disueltas por orden del Rey y se formó un gran tumulto en los cuarteles.
Debo consultar los archivos de mi propia orden para averiguar más cosas acerca de los últimos sucesos acaecidos en esta ciudad.

Reunión familiar (Diario de Morgrimm)

Me encuentro en Ventormenta. Conseguí en Forjaz un boleto para la Feria de la Luna Negra y, aprovechando un descanso en mis viajes, decidí usarlo. Esta vez, la feria para en el Bosque de Elwyn, muy cerca de la ciudad humana. El viaje ha sido corto, gracias al tren subterráneo de los gnomos. He de reconocer el asombroso ingenio de nuestros primos, por mucho que hayan perdido las formas últimamente. Sin el subterráneo, el viaje desde Forjaz hubiera resultado bastante fatigoso.

Aprovecharé la visita para reunirme con Zareba, pues hace mucho que no se nada de ella. Me imagino que estará demasiado ocupada con sus labores de soldado como para escribirme, así que supongo que le hará ilusión verme.

Mala educación (Diario de Morgrimm)

Creo que a estos gnomos les está afectando demasiado estar lejos de su hogar. Alguien de su gente debería tomar medidas o algo, porque no es normal el descaro con el que nuestros primos se están comportando.

Regresaba, cansado tras una larga cabalgada, a la posada de Thelsamar y me detuve a cambiar unas gemas con el herrero y enterarme de las últimas noticias. En estas estoy, cuando alguien me da un toque en la espalda y oigo una voz que dice "lucha conmigo". Me giro y entonces lo veo: un gnomo, con demasiadas pocas primaveras encima, que me está retando mientras musita extrañas palabras, quizá para conjurar o algo así.
- No. Estoy cansado y no me apetece luchar sin motivo - le respondo intentando ser amable- Me llamo Morgrimm Báldrek, a vuestro servicio si me necesitáis

- ¡ Perdedor ! - dice mi interlocutor con una sonrisa de medio lado - ¡ Lucha !

- Esto..mira, no. Estoy cansado y voy a retirarme pronto. ¿Necesitas algo?

- Dinero - me responde con descaro -

- ¡ Pues búscate un trabajo ! - le digo escandalizado por su atrevimiento.Mientras, los transeúntes vuelven la cabeza.

Miro al mocete de arriba a abajo como si nunca hubiera visto un gnomo y prosigo con mis cosas. Al poco, le oigo retar a uno de los montaraces que protegen el camino. Creo que lo que le responde pondría colorada a su venerable madre en Forjaz.

Termino de hacer mis negocios y comienzo a desensillar a Khazdom, que sacude su pelaje con gusto.

- ¡ Vivir para ver ! - le digo a la bestia, que me mira con sus grandes ojos, mientras me encamino a la posada sacudiendo la cabeza, pensando en qué lugar se perdió el espíritu de Gnomeregan y en que pronto se me pasará tras una buena jarra de cerveza enana.

Emboscada (Diario de Morgrimm)

Proteger las tierras del Rey Barbabronce es una tarea ardua y pesada. No sólo se trata de los molestos Troggs que parecen haber surgido como las setas tras la lluvia en Loch Modan, sino que implica una constante vigilancia para mantener estas tierras en una relativa paz.

A veces, hay que recorrer grandes distancias, incluso en el mismo día. Hoy he estado en Dun Modr, portando un mensaje para las avanzada del puente y he retornado a Thelsamar en el mismo día. En principio, no hubiera sido un problema más que el tener que pegarse una buena cabalgada, pero hoy el destino quiso que se me torcieran las cosas un poco y  fui sorprendido por un grupo de orcos en el paso de Dun Algaz...dos veces. Una a la ida y otra a la vuelta. Al parecer, estaban esperando a que algún viajero pasara por allí para caer sobre él con sus sucias manos cuando apareció un enano a todo galope por uno de los túneles. He de decir que entonces tenía prisa por entregar mi mensaje, así que no me detuve demasiado tiempo. Pero a la vuelta me pillaron y con ganas.

Por suerte, no estaban preparados para la pericia con el martillo de guerra de un enano como yo. Son cosas que pasan.

Un paseo por el campo (Diario de Morgrimm)

La vida del paladín está llena de momentos auténticos, de pequeños instantes de dicha que refulgen como las gemas en lo profundo de las minas de Dun Morogh. Son esos momentos los que me hacen sentir bien, sabiendo que hago lo correcto a pesar de que no siempre se trata de lo más adecuado. Y muchas veces, ni lo sensato, como aquella tarde en la que ayudé a un jovenzuelo a ganarse algo de fama...con un poquito de mi ayuda, por supuesto.

No recuerdo ni cómo me dijo que se llamaba, pero toda su intención era adentrarse en la red de cuevas que hay al norte de la Presa de las Tres Cabezas y exterminar a un desagradable jefecillo ogro que hacía de las suyas por aquellos andurriales. Y todo por una mujer. ¡ Típico de los humanos!

Ya desde el primer momento me di cuenta de que el chaval iba a precisar de toda mi ayuda, sobre todo cuando vi que se echaba al lago con la intención de cruzarlo de parte a parte en vez de bordearlo. No es que me miedo el agua, pero mojarme así como así, pues no me apetecía mucho, la verdad. Aun así, decidí seguirle, pues no me hubiera perdonado a mi mismo si le hubiese ocurrido algo después de darle mi palabra de acompañarlo.

La precaución acabó estando justificada de sobra, ya que el impulsivo jovenzuelo no dudaba en arremeter con su espada, con ese brillo de las armas recién estrenadas y recién afiladas, contra todas las criaturas que se cruzaban en su camino, ya fueran venenosas arañas de las colinas o feroces osos del bosque. Creo que ese día terminé debiendo demasiados favores a la Luz Sagrada, con todas las innumerables plegarias de protección y sanación que tuve que rezar por el muchacho de loca cabeza.

Al final acabamos encontrando al ogro y logramos derrotarlo en su propia guarida. Mi joven e impulsivo protegido se marchó con una sonrisa de oreja a oreja, orgulloso de haber cumplido su misión con grandes dosis de valor y heroísmo, que posteriormente narraría a su enamorada, seguramente permitiéndose más de una licencia literaria.

Le despedí en Thelsamar con la mejor de mis bendiciones..y empecé a largarme de allí lo más de prisa que me permitían mis cortas piernas por si se le ocurría llevarme de nuevo de aventuras.

Morgrimm llega tarde

Tarde..llego tarde...
Corro todo lo deprisa que me permiten mis piernas, pero no es lo bastante. Los enanos nunca hemos sido grandes corredores. Podemos hacer bien mil cosas, pero correr no es una de ellas.
He sido invitado a la fiesta de despedida de soltería de uno de los caballeros del Alba en Shattrath. El lugar se llama La Taberna del Fín del Mundo y está nada menos que en otro continente...y en otro plano. Suerte que dispongo de un portal para ir, porque si no sería una faena. ¿Llegaré a tiempo?