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Al final del sendero (Diario de Gnaamesh)

Las Tierras Devastadas, por fin...

Fervientemente he anhelado este momento durante mucho tiempo, quizá demasiado. En estas calcinadas tierras el poder de la antigua magia demoniaca surge de entre las mismas piedras del camino. La fauna y la escasísima flora han sido convenientemente mutadas por las retorcidas energías, de modo que las apariencias no siempre coinciden con la verdadera naturaleza de sus malhadados seres. Aquí y allá veo elementos que podrían proporcionarme valiosos destilados en mi banco de laboratorio, rarezas que en los comercios de Entrañas serían bien pagadas y que me prodigarían grandes beneficios tan sólo con el refinado más burdo.

Pero la joya de la corona está al final de ese tortuoso sendero pues allí se encuentra el umbral maldito, el Portal por el que penetraron las huestes demoniacas hace miles de años para invadir Azeroth y esparcir su progenie maldita. Alli se halla el final de mi propio camino, el comienzo de una nueva y desconocida senda. Allí, de un modo u otro, caerá el velo que atormenta mi existencia desde el día de mi alzamiento de entre los que murieron.

Sólo allí.

FIN DEL DIARIO DE GNAAMESH

Un viaje interrumpido (Diario de Gnaamesh)

Pantano de las Penas, Puesto de Rocal

Atrapado en el puesto avanzado de Rocal maldigo una y mil veces la fatídica puntería de los arqueros de la Alianza, capaces de derribar a una montura voladora en mitad de la noche. Elfos armados con arcos largos, probablemente. ¡ Que el fuego de los orcos reviente sus pellejos por ello !

Aquí estoy, en medio de los brutos a las órdenes del Caudillo Garrosh, nuestro ilustre Jefe de Guerra, abandonado en estas ciénagas, lejos de cualquier lugar civilizado. Estos salvajes no tienen ni una miserable biblioteca con la que pasar el rato y tan sólo tienen en mente una sóla cosa: matar.

La barbarie impera por doquier, acunada en el ambiguo y caduco concepto del honor que los orcos en tan alta estima tienen, como si les fuera a salvar de su aciago destino marcado ya desde Terrallende.

Terrallende...El primigenio hogar de la raza orca era mi destino, una tierra asolada por los demonios desde hace tiempo, demonios que podrían conocer las respuestas a todas mis preguntas. 

Retorno a Entrañas (Diario de Gnaamesh)

La vista de la ciudad muerta de Lordaeron siempre hace que mis viejos huesos se estremezcan como si anhelaran volver a estar vivos una vez más.

Y en cierto modo lo están, pero en forma de esta semivida a la que nos condenó para siempre el odiado Rey Exánime, un regalo inesperado para aquellos que cayeron bajo sus heladas garras y un tormento eterno para los débiles de espíritu que nunca se libraron de su poder.

Poder y tiempo, esa es la clave de nuestro éxito. En esta ciudad tenemos ambas cosas en abundancia, sostenidas ambas por nuestra inquebrantable determinación y la fe en la victoria final..

FIN DEL DIARIO DE GNAAMESH

Curiosidad goblin (Diario de Gnaamesh)

El oleaje lame lentamente los costados del Golondrina, el navío que me lleva de regreso a Entrañas. No ha sido fácil convencer a la tripulación goblin de este miserable cascarón de que me permitiesen ocupar parte de la bodega del barco con mis cosas, pero el dorado brillo del vil metal ha bastado para que consiguiese mi propósito.

Necesito espacio para instalar mi pequeño laboratorio de alquimia a bordo mientras dura la travesia, pues las delicadas hierbas que he recogido en mi viaje a las tierras meridionales no aguantarían un viaje de tantas leguas sin marchitarse y perder, por tanto, sus arcanas propiedades.

Una vez tenga preparadas las hierbas, podré conservarlas casi indefinidamente hasta que les de uso en el momento apropiado. La única molestia es la malsana curiosidad de estas patéticas criaturas, siempre ávidas de riquezas. Constantemente hay uno de ellos cerca, aparentemente dedicado a sus quehaceres pero con los ojos y oídos bien atentos.

Me pregunto que pasaría si mi molesto amiguito acabara cayendo por la borda en un lamentable accidente.

Un alto precio (Diario de Gnaamesh)

Los gritos de los salvajes que pululan por la ciudad trol abandonada resuenan a mis espaldas bajo la luz de las estrellas pero tan sólo servirán para que los pájaros y los monos detengan por un instante su parloteo incesante y se retiren, acobardados, a sus malolientes madrigueras.

El demonio abisario que me ha acompañado en esta expedición hará bien su trabajo, aniquilando a todos los que se le opongan y permitiéndome escapar de las ruinas del templo sin ser molestado. Contemplo durante unos instantes estas piedras, reliquias de otros tiempos, mientras acaricio la bolsa que contiene musgo arrancado de los muros de este abandonado lugar. Su propia esencia mágica atraviesa la bolsa de terciopelo donde lo he guardado y aporta algo de calidez a mis frías manos. Es una mercancia muy valiosa, tan valiosa como para que los fieros trols de las ruinas paguen el precio que están pagando.

 Los rugidos han cesado dentro, seguramente porque el abisario ha caído ante sus enemigos. Tardaré bastante en volver a invocarlo desde su plano después de esto. Mientras tanto, será mejor que me aleje de este lugar.

Ríos de oro (Diario de Gnaamesh)

El bonancible clima de esta región del mundo y la presencia de puertos francos provoca que se concentren en ella un gran número de maleantes y proscritos de toda clase. La piratería es endémica en estas aguas, mientras que las expediciones a las junglas del interior son algo frecuentes. Ya sea para buscar oro y minerales, estaño y cobre sobre todo, así como otros recursos naturales o incluso esclavos, el movimiento a través de la jungla es algo habitual y no falto de peligros.

 Sin embargo, la recompensa es grande para aquellos capaces de encontrar un filón o hacerse con un buen cargamento de maderas preciosas. El oro fluye por los caminos de Tuercespina, impulsado por la ambición de los príncipes mercantes goblin y la codicia de los corsarios.

Para los eruditos como yo, la selva es una fuente inagotable de componentes mágicos y de conocimientos perdidos, un lugar lleno de posibilidades y misteriosas fuentes de antiguo poder...

Bahía del Botín (Diario de Gnaamesh)

Avancé en silencio por el muelle, dejando oir tan sólo el hueco retumbar de las pisadas de mi montura en la maltrecha tablazón del puerto. Llevaba la capucha echada sobre el rostro para proteger mi apergaminada piel del feroz resplandor del sol de Bahía del Botín y el perfil bajo para evitar en lo posible el contacto visual con los curiosos. Este es un puerto franco, un lugar convenientemente apartado del conflicto entre la Alianza y la Horda en deferencia a los turbios negocios que aquí se llevan a cabo. Los goblins amasan inmensas fortunas basándose en el trueque, la usura y el bandidaje, a veces simultáneamente, mientras que numerosos corsarios y otras ratas portuarias hacen de este lugar una parada casi obligada en sus viajes por los mares del sur del continente, lejos de la influencia de las leyes del Reino de Ventormenta, demasiado alejado como para hacer cumplirlas de un modo eficiente.
 Aun así, había que ser precavido.

Detuve mi montura al lado de un grupo de rufianes del puerto, un trío de goblins malencarado y con aires de grandeza, cuya dignidad parecía desvanecerse por momentos a medida que me acercaba a ellos.

- Busco alojamiento, cómodo y sin preguntas - dije en la gutural lengua de los orcos, incómodo por su bárbaro acento -

Uno de los rufianes, que aferraba una daga con la mano metida en su jubón, miró nerviosamente a sus petrificados compañeros y señaló nervioso hacia el otro lado de la bahía.

- ¡ El Grumete Frito! ¡Allí! - dijo mientras señalaba nervioso hacia el otro lado de la bahía. -  ¡Alojamiento sin preguntas!

Arrojé una bolsa de oro a los pies del grupo mientras me volvía a calar la capucha y les dí escuetamente las gracias. Los goblins se quedaron un rato mirando la bolsa hasta que uno de ellos la cogió con cautela. Poco después, los oía pelear a mi espalda mientras me encaminaba en la dirección indicada. Uno de ellos gimió de dolor cuando recibió la primera cuchillada. Ignoro quién ganó la contienda por el oro, pero tampoco era asunto de mi incumbencia.

Como todas las cosas que pasaban en el gran puerto de Bahía del Botín, tan sólo importaban a los implicados en las mismas y eso tampoco tenía importancia mientras no influyera en el fluir de los negocios. Así era en este lugar y así había sido siempre..

Decadencia (Diario de Gnaamesh)

Tras abandonar el recinto del portal que me trajo de Entrañas a Lunargenta, permanecí absorto durante largo rato contemplando la inconmensurable belleza de la ciudad de los Elfos de Sangre. Con un domonio casi divino de las antiguas energías arcanas, la hermosa gente había logrado portentosas maravillas. En aquellos momentos me reprendí a mi mismo por haber pospuesto este viaje tantas veces, pues, a pesar de ser aliadas nuestras ciudades, no deja de haber cierta rivalidad y desconfianza entre nosotros.

Todo parecía impoluto y reverberaba con magia contenida en infinidad de estructuras cristalinas que refulgían a la luz del sol y me admiré de su poderío sin igual y de sus extraordinarios conocimientos.

Ansiando retener yo también una parte de ese poder, recorrí embelesado sus bien pavimentadas calles, admirando cada rincón de este lugar, buscando una biblioteca donde empaparme de tanto saber acumulado a lo largo de los siglos, mas pronto acabé decepcionado, sentado en uno de los adornados bancos de un parque.

La ciudad se había convertido en un núcleo de decadencia. Los escasos habitantes con los que me crucé se habían abandonado a todo tipo de placeres interminables, apareándose como seres inferiores en las diversas tabernas y burdeles, entregándose a la bebida y la inconsciencia, barbotando incoherencias en sus propios delirios alucinados. Intenté hacerme entender con algunos de ellos, pero pronto desistí de mi empeño, pues hasta los más finos rudimentos del lenguaje habían sido aniquilados de sus pequeñas mentes.

¿Donde estaban los grandes sabios de los que hablaban los libros? ¿Que fue de su orgullo y su poderío, devorados por la autocomplacencia y la molicie en bacanales sin descanso? ¿Qué fue de los gloriosos artífices del pasado, de sus gestas y sus arcanos saberes? Miré los severos rostros tallados hace largo tiempo en las piedras de los capiteles y decidí que nunca más retornaría a esta ciudad degradada y decadente.

Ya no hay nada que me retenga entre sus palacios y jardines. Lunargenta, ciudad de arcanos saberes se había convertido en un burdel y la prole de la mezquindad se enseñorea de sus avenidas.

Regreso (Diario de Gnaamesh)

Seguridad. Esa es la palabra que me viene a la mente cuando evoco mi Sancta Sanctorum, mi laboratorio privado, mi refugio.

Aquí reposan todo tipo de libros recogidos y recuperados a lo largo del tiempo por mís propias manos. Hay arcanos grimorios, decrépitos tomos prohibidos y fuentes de saberes tan antiguos como el mismo tiempo, alternados con modernos manuales de alquimia y recopilaciones de relatos y leyendas de todo Azeroth. Este lugar, con su olor a cerrado, a viejos pergaminos y a cera de vela es mi refugio, mi lugar secreto.

La construcción del laboratorio subterráneo y de la cámara de invocacíones comenzará pronto. Debo hallar a los obreros capacitados para ello entre la chusma goblinoide que ha desembarcado en estas tierras. Gente laboriososa y prescindible llegado el momento.

El Brujo de Argénteos ha vuelto.

Una visión (Diario de Gnaamesh)

El humo del brasero del brujo orco forma perezosas volutas en la húmeda y oscura caverna. Rodeados de hongos alucinógenos, los hechiceros orcos invocan aquí a sus demonios guardianes y abren portales a decenas de planos ultraterrenos. Poco a poco, la imagen se va filtrando en mi mente, atravesando las eras del tiempo y los ecos de la historia.

De pie, en medio de un paraje desolado, siento cómo el sol castiga mi carne momificada con cruel intensidad. El cielo por encima de mi cabeza adquiere un tono irreal, irisado, con los destellos multicolores de la luz refrectada en ocultos prismas suspendidos en la inmensa bóveda del cosmos. Es una sensación extraña la de encontrarse en este plano, pues de eso se trata, de otra realidad alternativa y extraña a mis ojos.

Delante de mí veo el altar de las invocaciones. Late con una energía antiquísima, con más intensidad en cuanto los devotos adoradores, primitivos trols en su mayoría, repiten sus incesantes jaculatorias delante de la piedra negra. El mismo aire parece vibrar con la demoniaca energía almacenada en el altar hasta el punto de emitir una nota pura y primigenia que atraviesa hueso y carne y se pierde en las sombras del olvido.

La visión se desvanece, se pierde en las resonancias interplanares y de nuevo me encuentro sumido en la penumbra de la caverna de los brujos.

- Esto que has visto, muerto, está de algún modo ligado a tu destino. - dice el hechicero orco mientras apaga las brasas incandescentes - y sólo los demonios del abismo saben por qué. Vienes buscando respuestas, brujo, pero deberías preguntarte si haces las preguntas adecuadas. Aquí ya no podemos ayudarte más, pues tu alma es confusa y extraña para nosotros. Retorna a tus bosques moribundos, recorre sus sendas y quizá recuperes tus memorias, aunque yo en tu lugar me preguntaría si merece la pena. Ahora vete. Tu visión nos ha dejado exhaustos.

Saberes olvidados (Diario de Gnaamesh)

Ogrimmar, la bárbara capital del pueblo orco y, por decisión de su caudillo, de toda la Horda, es un lugar caótico. En sus calles sin pavimentar se apiñan orcos, goblins y trols como animales alrededor de una charca y sus broncas voces se solapan unas con otras, haciendo imposible cualquier tipo de comunicación que no sea a base de gritos.

En este bastión de brutalidad acorazada debo encontrarme con los brujos de Ogrimmar. Relegados a las profundidades del submundo por sus propios congéreres, los demonologistas orcos atesoran desde hace siglos los saberes prohibidos que un día llevaron a toda su raza a la esclavitud a manos de la Legión Ardiente. Debo descender a dichas profundidades para buscar a aquél que podría iluminarme en mi camino con conocimientos que los hechiceros de Entrañas han perdido, sumidos ciegamente en la guerra contra el reino de Gilneas..

Rituales (Diario de Gnaamesh)

Sangre para los poderes oscuros. La sangre es la vida, la sangre da vida. Giro el cuchillo tres veces sobre su mango, primero a la izquierda y luego a la derecha, tal y como Kumesh el Maldito indicó en sus escritos. Remuevo la cera caliente, mezclada con el ungüento de Khoff y realizo los gestos adecuados, primero hacia el gélido Norte, luego el Este regado por el océano, al Oeste, mirando a los Argénteos y por último al lejano Sur, hogar de odiados enemigos. Recito la salmodia, lenta y monótona, absorbiendo la esencia de los viejos huesos enterrados, mientras oleadas de poder vivifican mi carne, la rejuvenecen y fortalecen con cada nueva letanía. Siento su magia en mi cuerpo, en oleadas, cálidas, pulsantes.
Y una vez más, ya está. El rito concluye y el silencio se adueña del bosque. Me siento bien. Me siento vivo, una vez más.

Legado (Diario de Gnaamesh)

Retornar a Tirisfal es lo más parecido a volver a casa. A pesar de la insidiosa presencia de los cruzados en la costa norte, estos parajes son el único lugar del que todavía guardo algunos recuerdos fidedignos. El resto, son sólo sombras del pasado, fugaces e inalcanzables en el estado de perpetua vigilia de un no-muerto, en el cual las noches son tan sólo unas largas y oscuras prolongaciones del día.

En estos parajes reside el  más importante motivo de orgullo de los Renegados, pues son las tierras que consideramos nuestras por derecho propio. Aquí moramos en vida y aquí seguiremos morando en la muerte, seguros y protegidos, sabedores de que nuestros antiguos hermanos de raza intentarán destruirnos en otros frentes pero que no se atreverán a echarnos de nuestros legítimos dominios. Defendimos estas tierras del azote del Rey Exánime y es justo que las conservemos como botín de guerra y como legado. Todos los que se opongan a esto serán eliminados por la furia de los Renegados.

En el frente de guerra (Diario de Gnaamesh)

La ciudad de Gilneas se encuentra bajo asedio. Un asedio largo y extraño. Las tropas de Cringrís salen sin dudar a combatir fuera de sus murallas, mostrando una ferocidad y sed de sangre dignas de esas bestias semihumanas. Por muchos licántropos que caigan bajo las armas, otros tantos esperan su turno para correr hacia el enemigo. Sus garras son fuertes y sus cuerpos pueden aguantar tremendas heridas antes de derrumbarse inertes en el barro. Van a ser un enemigo difícil de derrotar.

Mientras tanto, el Real Gremio de Boticarios se encarga de preparar los agentes de plaga necesarios para minar su resistencia antes de que lleguen refuerzos, pues se rumorea que el enemigo ha pedido ayuda a la todopoderosa Alianza en virtud de antiguos pactos y alegando una cuestionable hermandad de sangre con los humanos de Ventormenta. De ser ciertos dichos rumores, quizá la Dama Oscura deba replantearse su decisión de desplegar sus tropas en este lugar.

Ya he estado demasiado tiempo dejándome ver por aquí. Mejor será desaparecer antes de acabar reclutado entre las tropas de Sylvanas.

Guerra en Argénteos (Diario de Gnaamesh)

El tranquilo paraje conocido como el Bosque de Argénteos bulle con la actividad bélica. Por doquier, las tropas de Entrañas se preparan para el asalto a la mismísimo Muralla de Cingrís, al sur del bosque. Los combates y escaramuzas en la frontera con los hombre lobo son algo frecuente, y cada día que pasa se pierden muchos efectivos. Presiento que será una guerra larga y costosa.

He visto cómo el Jefe de Guerra de la Horda ha enviado sus refuerzos, consistentes en batallones de brutales orcos venidos desde el otro lado del mar. Son criaturas toscas y predecibles, dispuestas a combatir por una buena paga y abundante cerveza goblinoide, pero no cabe duda de que serán valiosas tropas de choque, en tanto más valiosas como que podrían ser "reutilizadas" de nuevo tras su muerte si se efectuasen los preparativos y rituales adecuados.

Hay algo en esta última idea que despierta extrañas sensaciones en mis olvidados recuerdos. Es algo turbador, que me llama poderosamente la atención, como el fuego atrae a la polilla a su fatal encuentro con las llamas. Si pudiera recordar...

Siervos de la Plaga (Diario de Gnaamesh)

He pasado demasiado tiempo sumido en la oscuridad del olvido. El Bosque de Argenteos ha cambiado y , por unos instantes, tengo la sensación de que nuestro enemigo más odiado, el Rey Exánime, ha regresado para atormentarnos. Dondequiera que mire veo las máquinas de muerte de los Portadores de Plaga esparciendo sus efluvios al frío aire de la noche, mientras aquellos contra los que luchamos, los siervos del Rey Exánime, campan a sus anchas en nuestras tierras.

Pero no, no es esa la realidad. Lady Sylvanas ha acogido a los antiguos servidores de nuestro enemigo para que sirvan a Su causa. Ignoro cómo acabará todo esto. Por de pronto, la Horda tiene un nuevo líder, una especie de nuevo bruto salvaje y pendenciero el cual,  por lo que se dice, no es del todo favorable a la causa de los Renegados. Una nueva disposición de poderes parece lo más acertado y el desenlace más probable es que Sylvanas abandone a nuestros aliados para llevar la guerra por su cuenta, mas nadie sabe a ciencia cierta qué ocurrirá en los próximos meses en estas tierras.

Lo que sí que es cierto es que, si este fue mi hogar hace tiempo, ya ha dejado de serlo para siempre.

Redención (Diario de Gnaamesh)

Las largas sesiones transcurridas bajo la observación de los hechiceros de Entrañas han merecido la pena. Atrás quedaron los exhaustivos  interrogatorios y los penosos estudios para discernir si era un auténtico Renegado o un siervo de la Plaga. De nuevo vuelvo a ser digno de portar las togas de un hechicero y tener acceso a los arcanos grimorios sepultados en las oscuras bóvedas bajo la ciudad muerta. Un pergamino con el sello de los Sacerdotes de Sombras así lo atestigua.

De nuevo.. soy yo mismo.

He perdido demasiados conocimientos, demasiado poder, pero vuelvo a ser yo. Los siervos del abismo acuden a mi sometimiento como antaño, causándome con ello un inmenso placer. El placer de controlar el Poder una vez más.

Pero hay un asunto que me tiene intrigado. Tambien recuerdo que me solían llamar "El Brujo de Argénteos", aunque no hallo más que sombras difuminadas donde deberían hallarse los recuerdos correspondientes. Debo investigar más a fondo.

Progresión (Diario de Gnaamesh)

Los Claros de Tirisfal han cambiado poco o nada. Los humanos de Ventormenta siguen intentando aniquilarnos en nuestros propios territorios y sus granjas, protegidas por oscuros torreones, salpican el paisaje como una asquerosa enfermedad.

Todavía me siento débil y enfermizo, pero voy progresando con lentitud. Hoy he conseguido invocar mi primer diablillo, una deleznable y diplomática criatura llamada Bizort. Acompañado de mi adulador sirviente, me he internado en los territorios del norte para espiar a nuestros enemigos y demostrarles lo que es el terror, mas han resultado ser un hueso duro de roer en mis actuales circunstancias.

Es preciso que aumente mi poder e influencia en esta región, pues presiento que estoy llamado a hacer grandes cosas o que, al menos, las hice en algún pasado no muy remoto. Si tan sólo pudiese recordar...

Torpeza (Diario de Gnaamesh)

Torpeza..
Eso es lo que siento en estos momentos. Mis huesos parecen querer deshacerse en pedazos cada vez que mi voluntad trata de hacer que se muevan.
La magia que me trajo de vuelta ha fortalecido el poder de mi voluntad, hasta el punto de que las heridas y fracturas en mi cuerpo están desapareciendo, recuperando poco a poco el aspecto original o, al menos, el que tenía antes de ser reducido a un montón de huesos metidos en un saco. Todavía me pregunto cómo pudo ocurrir y, lo más importante, por causa de quién..

Mis recuerdos en ese sentido se hallan trastornados. He perdido mucho poder. Ni siquiera mi fiel Yupkyap, mi diablillo familiar, acude a mis débiles invocaciones. Mi atadura sobre dicha criatura se ha roto y ya no podré recuperarlo. Me siento debil.

Débil y lleno de ira.

Regreso (Diario de Gnaamesh)

De repente, un millar de agujas de dolor torturan mi carne más allá de los puramente físico, minetras el frío helador amenaza con hacer estallar mis huesos en mil pedazos. El dolor es insoportable y grito con todas mis fuerzas. Es un aullido espantoso, más allá de la capacidad humana, cuyos ecos atraviesn diferentesplanos de existencia, atrayendo a las condenadas criaturas del abismo como si fuersen polillas que se dirigen a la luz hipnotizadas por su resplandor y su calidez. Hambrientas de almas...

El alarido hace estallar las fronteras entre espacio y tiempo, entre el aquí y el ahora, llenando el vacío con una mezcla de éteres extraños, saturados de olores, sabores y texturas ultraterrenos. Después, sobreviene el silencio absoluto, acompañado por una sensación de gravidez total.

Una voz rompe el silencio. Es una voz rasposa y astillada, que penetra en mis oídos como un cuchillo afilado. Dolorosamente afilado.

- Ya está aquí - dice la voz -
- Buen trabajo Aemos - responde otra voz, esta con un toque femenino - Dejémosle decansar hasta que se acomode a su nueva condición. Pronto deberá volver a servirnos
- Si, Señora, se hará como deseas-

Intento moverme, pero mis miembros pesan demasiado. Luego sobreviene la oscuridad.