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Estudios de magia (Diario de Tholaya)


Las reparaciones de mi medio de transporte ya han concluido, lo que significa que puedo ir donde me de la gana. El problema ahora es que a lo mejor no quiero irme demasiado lejos de la ciudad. Creo que me quedaré por Ventormenta, al menos por un tiempo. Hay demasiadas cosas que aprender aquí, pues he vuelto a retomar mis viejos estudios de caligrafía ¡e incluso me han proporcionado un escritorio propio en el Gremio de Calígrafos e Inscriptores de Ventormenta!

Una oportunidad así no puede despreciarse, así que me temo que dejaré por un tiempo mis aventuras y me centraré en el dominio de las tintas y runas de poder, a la vez que profundizo en mis estudios de magia arcana en la Torre de los Magos antes de partir hacia la magiocracia de Dalaran. Y una vez allí..bueno, mejor que vaya paso a paso.

FINAL DEL DIARIO DE THOLAYA

Varada en Ventormenta (Diario de Tholaya)

Era de esperar que un viaje tan largo hasta Ventormenta iba a pasar factura al zancudo mecánico que utilizo como medio de transporte, pero el caso es que me pareció que no le haría falta, habida cuenta del buen rendimiento medio porcentual que había registrado desde que abandoné las tierras inhóspitas. Quizá debiera haberle hecho una puesta a punto antes de partir pero esa región del mundo no me pareció, como su nombre indica, demasiado hospitalaria.

Así, al poco de entrar en la zona denominada "Los Canales" los engranajes de transmisión empezaron a soltar humo y gruñir como un gato en celo. Intenté compensar la presión en el calderín del mecazancudo, mas mis esfuerzos resultaron ser vanos para detener las fugas de vapor a través de las juntas de seguridad. Hubiera sido interesante comprobar el radio de la explosión de un mecazancudo en un entorno urbano, pero no creo que al entorno le iba a hacer ningún bien, así que decidí desconectarlo en cuanto entramos en el concurrido Casco Antiguo de la ciudad.

Y allí tuve un golpe de buena suerte porque, en una taberna llamada "El cerdo borracho" (nunca supe la gracia del nombre de tan concurrido local, pues que yo sepa, los cerdos no se emborrachan) encontré a algunos compatriotas gnómicos que amablemente decidieron ayudarme a remolcar mi maltrecho vehículo hasta un ingeniero competente (gnómico claro ¿quién si no?). Da gusto encontrarse con otros gnomos lejos de Gnomeregan. Es como un trocito de hogar lejos de nuestro querido (y ahora radioactivo) hogar..

Tras regalarles unos remaches cogidos por mi misma en la zona cero de Gnomeregan (¡toda una reliquia!) me despedí de mis benefactores en el barrio enano. Tenían cosas que hacer y yo estaba muy cansada como para seguir con ellos. Supuse que ya los vería, pero no ha sido así, pues es una ciudad demasiado elevada para personas de nuestra estatura.

 Ahora mismo me encuentro alojada en una posada regentada por enanos, en el barrio enano de una capital humana, tengo una espera de varios días mientras me reparan el transporte y mucho, mucho tiempo libre.¿Qué voy a hacer?

Bueno, de momento, empezar a buscar papiros y libretas para mis anotaciones. Después, ya veremos.

Una excursión interesante (Diario de Tholaya)

Los enanos Hierronegro son bastante más cordiales de lo que me esperaba. No son tan abiertos como sus primos de Dun Morog y quizá sean un poco más siniestros, pero eso quizá se deba a que durante incontables eras han cavado demasiado hondo en las entrañas de la tierra y se han vuelto así de hoscos por el aislamiento.

Al menos, es una teoría plausible...

Hablando con los más abiertos, llamados Hermanos del Torio, me enteré de que el enorme dragón que arrasó Ventormenta paso también muy cerca de la Garganta de Fuego. Me contaron que su devastación fue tan enorme que dejó un profundo surco en la tierra, conocido como la Cicatriz y, como no podía evitar perdérmelo, les pedí amablemente instrucciones. Tras negociar duramente un ajustado precio con los chicos del Torio, logré que me proporcionaran un guía que me llevase hasta las Tierras Inhóspitas.

Cuando llegué allí intenté encontrar otro guía, pero no encontré a nadie. Supongo que por eso se llaman Tierras Inhóspitas. Creo que me perdí al intentar llegar y dí un par de rodeos,  unas pocas leguas de nada aquí y allá, hasta que encontré el rumbo correcto y enfilé hacia un cañón calcinado.

Lo que vi allí me dejó sin palabras, cosa rara en mí, y no pude más que contemplar fascinada el gigantesco surco abierto en plenas montañas, recubierto de hollín y de piedra endurecida como los ladrillos de un horno de alfarero tras ser sometidos a elevadas temperaturas. Evidentemente, la enorme criatura ha dejado una huella imborrable en Azeroth y no sólo metafóricamente hablando. Creo que, con toda probabilidad, este cañón acabará convirtiéndose en una de las maravillas del mundo si transcurre el suficiente tiempo.

Por cierto, que me han dicho que de vez en cuando un gigante de fuego se pasea recorriendo el valle de arriba a abajo. Me pregunto si podré hacer algo para poder verlo y si podré encontrar por aquí un vendedor de papiros, pues he agotado todos mis cuadernos con muchos dibujos de la región y me gustaría poder hacer un grabado de semejante criatura suponiendo que llegue a verla, claro.

Fuego elemental (Diario de Tholaya)



Registro sonoro de la gnomograbadora de Tholaya Tuercaprieta, transcrito mediante impresión mecánica sobre papel continuo.

[lectura inicial ilegible por degeneración de la señal]

"...uentro en el enclave Hierro Negro de la Estación del Torio, en la Garganta de Fuego buscando..[corte debido a interferencias]...que es la clave para encontrar mineral de Mithril en este lugar.

[estática, probablemente debido a gases sulfurosos en el receptor]

"El calor aquí es espantosamente alto, con una temperatura que superaría los grados que se pueden registrar en una forja enana de no ser por estar a la intemperie. Literalmente, se podrían freir huevos sobre las piedras de allí abajo"

[interrupción por la carga de papel continuo y tinta en el mecanismo dispensador]

"Los enanos Hierro Negro controlan esta región dominada por el fuego y la densidad superficial de elementales ígneos es alta por lo que puedo discernir desde aquí. Calculo que las posibilidades de sobrevivir a un encuentro con una de las criaturas de mayor tamaño son muy escasas si no me ando con cuidado. Los elementales obtienen su fuerza de las múltiples grietas que parecen comunicar este lugar con el plano elemental del fuego, pero tendría que confirmar mis hipótesis con los ensayos adecuados. En cualquier caso, debo descender más abajo para poder llegar a los yacimientos de veta enriquecida. Corto...[señal perdida y de transcripción dudosa]..y cierro"

[zumbido final del relé retenedor de impulso, que acaba de salir volando con un pequeño estallido]

Éxito rotundo (Diario de Tholaya)

El descenso a las ruinas de Gnomeregan fue todo un éxito y no me avergüenzo de enorgullecermo por ello.
Retorné a la superficie por el mismo camino que había llevado en el descenso. En dos ocasiones tuve desagradables encuentros con los Troggs que pululan en los oscuros túneles, más puede desembarazarme de ellos gracias a mi ingenio y mis notas, en las cuales había ido anotando los posibles caminos alternativos para el ascenso en caso de encontrar problemas. Así pude alcanzar sin mayores dificultades los niveles superiores a través de un estrecho conducto de ventilación y llegar hasta el puesto avanzado de nuestro ejército.

 Después, me presenté ante mis maestros y les mostré la pieza que me habían enviado a buscar, así como el puñado de tornillos de la zona cero de la ciudad que había conseguido. Como era de esperar, quedaron muy impresionados y recibí muchas alabanzas, así como el título oficial para ejercer la ingeniería y mi nuevo apellido, cosas ambas que ahora podré lucir con orgullo delante de todos los demás miembros de nuestra sociedad. Y por supuesto, también podré dedicarme a mis abandonados estudios arcanos, bajo un nuevo enfoque, libre ya del estigma de la renuncia a la ingeniería que tuve en el pasado. Combinar magia y tecnología es una nueva puerta que se abre ante mí.

Ha sido un paso muy grande para esta pequeña gnoma, que de ahora en adelante se dedicará a la Tecnomancia bajo el nombre de Tholaya Tuercaprieta.

Temores en la oscuridad (Diario de Tholaya)

He descendido hasta las galerías más profundas, muy por debajo de las ruinas de nuestra querida ciudad. La oscuridad me envuelve por completo como un  negro y frío sudario, aunque para mí lo peor es el silencio reinante. Es un silencio ominoso y cruel, en el cual me siento pequeña y desvalida, abandonada a mis propios miedos.

El enervante silencio tan sólo es roto por el incesante goteo del agua que se cuela a través de fisuras en la roca y forma charcos en los puntos más bajos del terreno. Ni siquiera los Throggs u otras alimañas descienden tan abajo, así que, en principio,  supongo que debería sentirme tranquila.

Aun así, también hay quien cuenta historias acerca de antiquísimas criaturas que se arrastran por las entrañas del mundo desde su creación y que no han visto jamás la luz, seres tan antiguos como el mismo tejido del tiempo, cuya paz podría haber sido perturbada por indeseables visitantes de la superficie como yo.

(un momento, ¿qué ha sido ese ruido?)

No debo temer. No, si he llegado hasta aquí. Es hora de emprender el camino de vuelta. En mi poder tengo un trozo de mamparo abollado y carcomido por la humedad  y un puñado de remaches de las cámaras inferiores. Entregaré el fragmento a mis tutores para obtener con ello el reconocimiento delante de la sociedad y poder tener derecho a lucir mi apellido en público, pero los remaches me los guardaré. Serán para mí un tesoro de incalculable valor, un recuerdo del lugar al que pertenece nuestro pueblo y al que retornaremos algún día no muy lejano.

Rumbo a lo desconocido (Diario de Tholaya)

La excursión a las ruinas de Gnomeregan ha comenzado mejor de lo que esperaba. Tras mostrar a los guardianes de la puerta el permiso expedido por los atentos funcionarios en Forjaz y las once clausulas de exclusión de responsabilidades que tuve que firmar por triplicado, pude acceder a la zona controlada por nuestra infantería. Para mi sorpresa, no es muy profunda y , poco después, pueden verse las balizas de seguridad y los carteles de advertencia de que se está entrando en una zona peligrosa.

Y a partir de ahí, el silencio, roto tan sólo por los ocasionales alaridos y estruendos que hacen nuestros antiguos parientes, convertidos en desgraciadas criaturas debido a la radiación. Y los Throggs, por supuesto, los brutales invasores que nos obligaron a huir de aquí. Sus ecos resuenan en los abandonados túneles, provenientes de lo más profundo de la ciudad.

Debajo de aquel arco, está el último de nuestros guardias. Me avisará de que estoy entrando en una zona no recomendada pero me dejará pasar en cuanto vea mi permiso.

Luego, estaré sola.

Una cuestión de honor (Diario de Tholaya)

Una vez que hube demostrado que la capacidad innata para el antiguo arte gnómico de la mecánica también fluía por mis venas y que era capaz de vivir con ello, mis queridísimos familiares me dejaron salir de nuestra querida casa. Ahora por fin soy una gnoma libre ya que, aunque ciertamente podría haber intentado teleportarme de allí a cualquier otro lugar utilizando mis conocimientos arcanos, eso hubiera supuesto la inmediata expulsión del seno familiar y la deshonra para toda mi vida, que se me antoja será larga.



Ahora todo ha cambiado y puedo ir a donde me de la gana, siempre y cuando siga comportándome como un gnoma laboriosa y capaz de utilizar mi intelecto para el servicio de mi raza.

Pero antes debo terminar una tarea pendiente, una última prueba. Tengo que retornar a las ruinas de Gnomeregan, recuperar un fragmento de un mamparo de nuestra querida ciudad y traerlo a la superficie. Sólo así habré completado mi aprendizaje y podré ganarme el derecho a tener mi propio apellido, mi propio taller artesano y el reconocimiento comunitario. Es una cuestión de honor.

¡ Ah, la familia ! (Diario de Tholaya)

La familia es algo muy importante si se quiere progresar en la vida. Es el apoyo constante y el refugio cuando las cosas no van como debieran ir.

Al menos, eso es lo que son las familias convencionales, claro.

Las familias gnómicas son, bueno, un poco menos convencionales que el resto. Nuestra naturaleza nerviosa y precisa hace que nos enzarcemos en largas y enrevesadas discusiones acerca de los detalles más nimios, aportando pruebas y refutando argumentos durante horas y horas si es preciso. A veces, sólo a veces, días. Bueno, incluso meses...o años..

En cualquier caso la familia es todo lo que tienes, así que más te vale estar cuando hay que estar..y desaparecer cuando más conviene, claro. Cualquiera con un cociente intelectual gnómico lo sabe, pero a los forasteros les resulta, cuanto menos, algo curioso.

Mis primos hermanos por parte de mi hermana han decidido que ya está bien de que yo ande por ahí sin tener ni idea de ingeniería, así que me están dando clases aceleradas de la más pura gnomoingeniería, tanto si quiero como si no, pues dicen que es una deshonra para la familia el andar por este mundo sin los conocimientos de los que hace gala nuestra raza y que la magia está muy bien, pero que no es lo mismo. Se lo han tomado muy, muy en serio, así que no me queda otro remedio que intentar aprender todo lo que pueda en el menor tiempo posible si quiero marcharme.

La cadena en el cerrojo debería haberme dado alguna pista, pero andaba yo pensando en otras cosas..

Regreso a casa (Diario de Tholaya)

El rítmico oleaje de los Mares del Sur al lamer los postes del embarcadero es casi como un reloj para mí, pues falta muy poco para que deje estas costas, al menos, por un tiempo. Los gnomos echamos de menos nuestro hogar, todavía no en nuestro poder al cien por cien, claro, pero hogar a fin de cuentas. Es cierto que hay otros lugares sobre y debajo de Azeroth en los que comenzar de nuevo, pero nuestro sitio siempre estará en las montañas nevadas del Valle de Forjaz, lugar donde empezó toda nuestra civilización. Algún día retomaremos el control de nuestra ciudad y volveremos a escribir de nuevo nuestra historia, no como exiliados sin hogar, sino como la diminuta raza que supo ganarse un lugar entre las razas más fuertes de Azeroth, y no por su fuerza, sino por su ingeniosidad.

¡ Cómo anhelo estar pronto de vuelta.!

La ciudad portuaria (Diario de Tholaya)

El puerto de Bahía del Botín, uno de los más importantes de los Reinos del Este, bulle con su incesante actividad. Constantemente zarpan y arriban navíos a sus muelles, donde son rapidamente descargados por los estibadores del puerto, goblinoides en su mayoría. Este es un puerto franco, controlado por las principales cofradías de goblins y sus retorcidos negocios e intereses, por lo que el conflicto entre los reinos alineados a favor de la Alianza de Wrynn o la Horda de Garrosh no tiene cabida entre sus bien defendidas murallas. A pesar de haber sufrido importantes daños durante el Cataclisco, la ciudad ha vuelto a ser reconstruida y apenas se perciben los efectos de la destrucción entre las caóticas estructuras de madera, pasarelas, casuchas y viejos cascos de navío convertidos en viviendas.

La expedición que me trajo aquí ha llegado a su término y ya he recibido mis honorarios. Aun no tengo decidido a dónde voy a ir, pero creo que me quedaré un tiempo por estos lugares hasta que se me ocurra algo.

Amanecer (Diario de Tholaya)

Explorar las junglas está resultando una tarea sumamente interesante para mí. Cada amanecer en este lugar es todo un espectáculo de cantos de pájaros, aullidos de monos y zumbidos de miles de insectos, en un cántico al sol que no tiene parangón en otros lugares del mundo, al menos, hasta donde mis conocimientos llegan.

En esta lejana y cálida tierra, los trol edificaron hace miles de años su glorioso imperio en la jungla. De aquellos tiempos de esplendor ahora tan sólo quedan ruinas carcomidas por el tiempo. La misma selva crece entre los derruidos edificios que antaño albergaron a príncipes de esta raza, como recordatorio de que la gloria es perecedera pero la jungla triunfará con el tiempo sobre los seres inteligentes.

Me gusta pensar que todo esto tiene un sentido más allá de lo meramente material, objetivo principal de la expedición a estos parajes.

Para mí  es como un viaje iniciático, una puerta a nuevos mundos por descubrir y una oportunidad para crecer y ver mas allá de todo esto.

Nuevos horizontes (Diario de Tholaya)

Cuando los nuevos horizontes se abren ante una, lo menos que puede hacer es salirles al encuentro. Si no, no tendría mucho sentido que ocurriesen. Es una simple y lógica relación de causa y efecto.

La Liga de Expedicionarios ha organizado una expedición a las lejanas y exuberantes selvas situadas al sur de los Reinos del Este con la esperanza de encontrar objetos y artefactos antiguos entre las ruinas de lo que antaño fuera el poderoso Imperio Trol.

Aunque ya ha habido otras expediciones a la región, los secretos de la jungla siguen siendo inalcanzables para la mayoría de los eruditos de Forjaz, razón por la cual se ha decidido incrementar los efectivos y el coste de los mismos para llevar a cabo nuevas investigaciones y excavaciones arqueológicas que llenen los estantes y salas del museo de la Liga en la capital enana de nuevos y asombrosos conocimientos del mundo antiguo.

Para llevar a cabo esta misión con un relativo porcentaje de éxito, son necesarios eruditos sin miedo a los espacios abiertos y las incomodidades del viaje, que hagan el trabajo de campo necesario para que sus colegas de Forjaz puedan seguir investigando en la seguridad de la sede que tienen en la ciudad subterránea.

Como colaboradora de la Liga de Expedicionarios y como maga itinerante, esta es la ocasión que estaba esperando para conocer nuevas tierras y aprender infinidad de nuevas cosas. Voy a la posada a recoger mis pertenencias y prepararme para ir a la estación. Salimos esta misma noche hacia Ventormenta.

Cazadora de kóbolds (Diario de Tholaya)

He pasado algún tiempo en la región de Loch Modan, practicando mi arte entre los enanos y poniéndolo al servicio de la población local. El mayor problema de esta región son los kóbolds, que merodean por sus verdes colinas e infestan las profundidades de las minas abandonadas, sobre todo después del Cataclismo. Esta desagradable situación me sirvió para encontrar trabajo como cazadora de kóbolds.

Los enanos son demasiados rechonchos como para colarse por sus tortuosas madrigueras, pero los gnomos estamos hechos con otro molde, como suele decirse. Nuestro reducida talla nos hace especialmente útiles para meternos por sitios donde un enano se quedaría literalmente atascado y somos, muy a su pesar, sorprendentemente ágiles cuando nos lo proponemos. Así pues, me resultó sumamente sencillo llevar a cabo mi tarea en un breve intervalo de tiempo y con una precisión quirúrgica, como diría el maestro Vueltatuerca de Gnomeregan.

Ahora, una vez finalizada mi labor, las montañas están un poco más limpias de esta plaga y creo que puedo marchar a otros sitios a intentar ser útil y, cómo no, a ver mundo.

Nuevos objetivos (Diario de Tholaya)

He empezado a colaborar con la Liga de Expedicionarios de Forjaz. Ellos necesitaban eruditos que les ayudasen a encontrar artefactos antiguos en sus excavaciones y yo necesitaba una oportunidad para desarrollar mis habilidades, así que acepté el trabajito.  Esta es una excelente oportunidad para practicar mis habilidades y convertirme en una maga de primera, que es el gran primer objetivo que me he marcado.

Entregando un mensaje (Diario de Tholaya)

Villa Oscura es un lugar tétrico y triste, un pueblo rodeado de un bosque que nunca se ha podido librar de la sombra de la plaga de los muertos vivientes. La luz del sol, aun de día, no suele ser capaz de filtrarse entre sus brumas y , en los pocos momentos en los que logra hacerlo, revela un paisaje gris y sin alegría. Es como si la misma naturaleza se hubiese marchitado desde sus raíces más profundas.

Sus habitantes son serios y de pocas palabras, siempre atentos a lo que pueda acechar en las cercanas arboledas o en las sombras de la noche. Ni siquiera los gnomos de aquí muestran esa viveza que nos caracteriza. Me imagino que vivir en un lugar como este hace que adoptes una actitud precavida y vigilante, tan cerca como están del Paso de la Muerte.

Mejor entrego este pergamino en el Concejo y me marcho. Este no es lugar para mí.

Estudios de Magia (Diario de Tholaya)

- Ciudad de Ventormenta -

He subido un nuevo peldaño en la interminable escalera del conocimiento arcano. Han sido meses de duro estudio y aprendizaje en la Torre de los Magos de Ventormenta, en los cuales la únicas tareas han sido memorizar y aprender complicados sortilegios y leer infinidad de tomos de su bien nutrida biblioteca.

Ahora, debo partir para poner en práctica todo lo aprendido entre estas paredes que casi han sido mi segundo hogar. Cuando esté preparada, no antes, he de volver aquí para superar mis pruebas.
De momento, tengo un encargo que hacer como parte de mis primeras tareas, consistente en llevar unos documentos hasta Villa Oscura y dejarlos allí a buen recaudo. Nunca he estado en esa villa humana, pero lo que he leído acerca de ella me está empezando a llenar de curiosidad e mpaciencia.

Tholaya visita Gnomeregan

Me interné en las profundidades de Gnomeregan, pese a las advertencias de los oficiales de seguridad, para intentar apreciar los progresos que se habían hecho, mas poco pude ver de nuestro viejo hogar. Con el folleto de normas de seguridad en la mano, impreso por nuestro eficacísimo servicio de seguridad laboral, me adentré por entre los pasadizos controlados por el ejército. Por lo que pude observar, algunas de las máquinas habían vuelto a ser puestas en funcionamiento, entre ellas los recicladores de aire.

Más adelante, me topé con los primeros combates entre nuestros muchachos y los degenerados habitantes de las ruinas, nuestros pobres hermanos gnómicos horriblemente mutados por la contaminación de lo que una vez fuera su hogar. Aunque tratan de capturarlos vivos para su reinserción, los rebeldes a veces luchan como verdaderos engendros, causando muchas bajas y dificultando las labores de limpieza.

A la vuelta de un recodo fui sorprendida por un grupo de estos rebeldes y sus mecánicas creaciones. Intenté detenerlos, mas descubrí que mi magia no me serviría de mucho, así que corrí pasillo abajo, mientras oía sus chirriantes voces tras de mí. ¡ Fue pura suerte que me encontrase con una patrulla por las cercanías y pudieran ponerme a salvo !

De esta experiencia he aprendido dos cosas muy importantes : la primera es que hay que dejar esta labor a los expertos. La segunda, que debo perfeccionar mis artes arcanas si quiero sobrevivir en este nuevo mundo que el Cataclismo nos ha dejado en herencia.

De nuevo en casa (Diario de Tholaya)

Gnomerean sique siendo un lugar en disputa, a pesar de haber retomado gran parte de nuestra hermosa ciudad subterránea, pues todavía quedan muchos enemigos en sus profundidades y hay demasiada maquinaria por reparar. Tengo la esperanza de que poco a poco, nuestro tecnificado ejército pueda recuperar algún día todos los corredores, pasadizos y elevadores de lo que fue nuestro hogar y podamos reclamar definitivamente la ciudad tal y como fue. Pasaré un tiempo en este lugar y luego, marcharé a Kalimdor, a conocer las tierras de los elfos de la noche.

Menethil bajo las aguas (Diario de Tholaya)

El puerto de Menethil es una auténtica balsa de agua. Con la destrucción de la Presa de Loch Modan, el valle entero resultó anegado. Ahora, los Menethilianos no hacen otra cosa que achicar agua de sus hogares y maldecir su suerte. Poco hay por hacer aquí salvo ayudar a estas gentes, mas creo que no precisan de la ayuda de una maga itinerante para resover sus problemas. Incluso creo que sería poco grata mi visita..

Ha sido una mala idea venir a este sitio, tan lejos y abandonado de la ayuda de la Alianza. Los pescadores de cangrejos parecen ser las únicas personas que han salido beneficiadas con la inundación de Menethil, ya que no deben aventurarse muy lejos de la ciudad para realizar sus capturas..