Volver al hogar (Diario de Zareba)


A la mortecina luz de las antorchas, contemplo una vez más las puertas del lugar en el que he vivido durante casi un año. Ha sido un tiempo para recordar, compartiendo el pan y la sal con estupendos camaradas de armas y sirviendo con honor al ejército de Ventormenta. Aquí, bajo la luz de las estrellas y arrullada por el susurro de las hojas de los árboles del Bosque Elwyn, recorro con la mirada una última vez los sólidos muros del recinto, las imponentes almenas y el cuerpo de guardia.
Son muchos los recuerdos que guardo de este lugar, muchas noches de vigilancia nocturna, muchos entrenamientos con veteranos...y con los novatos muchachuelos llegados desde las zonas rurales.

Ha sido una buena etapa en mi vida, mas ahora debo partir de nuevo. Ya he firmado los papeles de licencia y ahora tomo una nueva senda en el camino, un nuevo rumbo que seguramente me lleve lejos de aquí. Tengo mucho que pensar y muchas decisiones que tomar. Quizá retorne a Forjaz a ver a los míos antes de hacer ninguna elección. Volver al reino de los enanos siempre me ha resultado muy relajante. Es como volver al hogar. No, rectifico. Es volver al hogar y donde esta el hogar está el corazón.

FIN DEL DIARIO DE ZAREBA

Estudios de magia (Diario de Tholaya)


Las reparaciones de mi medio de transporte ya han concluido, lo que significa que puedo ir donde me de la gana. El problema ahora es que a lo mejor no quiero irme demasiado lejos de la ciudad. Creo que me quedaré por Ventormenta, al menos por un tiempo. Hay demasiadas cosas que aprender aquí, pues he vuelto a retomar mis viejos estudios de caligrafía ¡e incluso me han proporcionado un escritorio propio en el Gremio de Calígrafos e Inscriptores de Ventormenta!

Una oportunidad así no puede despreciarse, así que me temo que dejaré por un tiempo mis aventuras y me centraré en el dominio de las tintas y runas de poder, a la vez que profundizo en mis estudios de magia arcana en la Torre de los Magos antes de partir hacia la magiocracia de Dalaran. Y una vez allí..bueno, mejor que vaya paso a paso.

FINAL DEL DIARIO DE THOLAYA

Reunión inesperada (Diario de Zareba Báldrek)


Finalizado nuestro servicio y estando próxima la licencia o renovación para la mayoría de los miembros de la unidad, algunos acabamos reuniéndonos en la casa del teniente Pedregosa en Elwyn.  La cercanía de la estación de verano pendía en el aire y la temperatura, sin ser todavía la típica estival, invitaba a cabalgar con tranquilidad. Así pues, ensillé a mi buen y fiable Pinto y me despedí de los chicos de las garitas del cuartel, disfrutando de mi merecido permiso.

Cuando llegué a la vivienda, una magnífica casa campestre de dos plantas con establo, ya estaban reunidos algunos de los muchachos, ya se habían marchado y otros, simplemente, tenían servicios en el cuartel o no habían querido acudir. Eché de menos algunas caras, pero nada más.

Acostumbrada a ver a todo el mundo en ropa de faena, se me hacía extraña la vista de los chicos vestidos de civil. El teniente me invitó a que me sentara a su lado y me puso en situación, ya que por lo visto era la última en llegar.

Así me enteré de que algunos habían decidido, a raíz de unos pequeños desencuentros entre la oficialía en la descorazonadora campaña en las Tierras Altas de Arathi,  abandonar el ejército y licenciarse antes de firmar el siguiente reenganche. Se me preguntaba si estaría dispuesta a dejar el servicio en el ejército.

Una nueva vida se abría ante nosotros, gente de armas acostumbrada a largas caminatas y a los embates de la batalla. Sorprendida, pregunté por los motivos de dicha decisión y recibí una amplia sonrisa por respuesta, mientras una palabra flotaba en el aire: mercenarios.

No pude por menos que dar un respingo, al recordar ese camino que ya había recorrido, pero con gente menos de fiar..

El teniente, ya ex-teniente, se proponía refundar las Espadas y darles la independencia original que siempre habían querido para actuar a su antojo, lejos de las intrigas de palacio. Bueno, no demasiado lejos, ya que tendríamos contactos en la corte para obtener permisos y patrones fiables. La idea sonaba bien, y los muchachos ya estaban rondando la idea de ponerle un nombre que evocara a las Espadas y honrara su original propósito, adscritos al recién creado Gremio de Mercenarios de Ventormenta y con más libertad de la que habíamos tenido nunca.

Mas tarde, camino de la taberna en  Villa Dorada, pensaba en las cosas que tendría que hacer después de licenciarme del ejército, si es que eso es lo que iba a hacer, y en cómo tendría que poner de nuevo en orden la herrería o intentar recuperar a algunos de mis viejos clientes mientras se llevaban a cabo los trámites.

Pero eran detalles que se solucionarían con el tiempo. Las Espada volvían a ser independientes y eso era lo que importaba.

Ulthener de Gilneas


Me llamo Ulthener y soy gilneano. Hace tiempo, el nombre de mi familia era sinónimo de prosperidad y buenos negocios. Manteníamos un gran hacienda llena de trabajadores  y vivíamos de lo que producían nuestras tierras. Era una buena vida...

Cuando el ejército de los muertos de Sylvanas llegó, luchamos desesperadamente por defender nuestros hogares, pero todos sabíamos que no podría ser. Cabizbajos y derrotados, abandonamos aquello que amábamos cargados con las escasas pertenencias que pudimos llevar y nos fuimos, con la esperanza de retornar algún día y reclamar de nuevo el reino de Gilneas.

Pero las cosas no salieron tal y como las planeamos, pues un antiguo mal había crecido tras nuestras fronteras como el trigo en un trigal: la maldición del lobo. Ahora, no sólo teníamos que luchar contra los enemigos invasores, sino que además teníamos que combatir a nuestros vecinos.

Hubiéramos muerto todos allí de no ser por la ayuda de los elfos de la noche los cuales, gracias a sus antiguos saberes druídicos, hicieron que domináramos a nuesra bestia interior. Nunca volveríamos a ser humanos, nos dijeron, pero al menos podríamos llevar una existencia digna si sometíamos a la bestia bajo nuestra voluntad.

Un maldito regalo, es lo que es esta vida. Ojalá nunca hubiéramos salido de allí..

 Los que logramos someter a la bestia,  hallamos un hogar entre los bosques de los elfos. Los que no lo lograron, sucumbieron y ahora vagan sin control entre los árboles, desaparecido ya cualquier resto de inteligencia o fuerza de voluntad.

Ahora somos una nación de apátridas dispersos, unos desheredados sin hogar. La hospitalidad de los elfos es de admirar, pero no creo que dure siempre. Tarde o temprano, nuestros pueblos chocarán.

Algunos dicen que algún día regresaremos a casa.

Algún día...

Varada en Ventormenta (Diario de Tholaya)

Era de esperar que un viaje tan largo hasta Ventormenta iba a pasar factura al zancudo mecánico que utilizo como medio de transporte, pero el caso es que me pareció que no le haría falta, habida cuenta del buen rendimiento medio porcentual que había registrado desde que abandoné las tierras inhóspitas. Quizá debiera haberle hecho una puesta a punto antes de partir pero esa región del mundo no me pareció, como su nombre indica, demasiado hospitalaria.

Así, al poco de entrar en la zona denominada "Los Canales" los engranajes de transmisión empezaron a soltar humo y gruñir como un gato en celo. Intenté compensar la presión en el calderín del mecazancudo, mas mis esfuerzos resultaron ser vanos para detener las fugas de vapor a través de las juntas de seguridad. Hubiera sido interesante comprobar el radio de la explosión de un mecazancudo en un entorno urbano, pero no creo que al entorno le iba a hacer ningún bien, así que decidí desconectarlo en cuanto entramos en el concurrido Casco Antiguo de la ciudad.

Y allí tuve un golpe de buena suerte porque, en una taberna llamada "El cerdo borracho" (nunca supe la gracia del nombre de tan concurrido local, pues que yo sepa, los cerdos no se emborrachan) encontré a algunos compatriotas gnómicos que amablemente decidieron ayudarme a remolcar mi maltrecho vehículo hasta un ingeniero competente (gnómico claro ¿quién si no?). Da gusto encontrarse con otros gnomos lejos de Gnomeregan. Es como un trocito de hogar lejos de nuestro querido (y ahora radioactivo) hogar..

Tras regalarles unos remaches cogidos por mi misma en la zona cero de Gnomeregan (¡toda una reliquia!) me despedí de mis benefactores en el barrio enano. Tenían cosas que hacer y yo estaba muy cansada como para seguir con ellos. Supuse que ya los vería, pero no ha sido así, pues es una ciudad demasiado elevada para personas de nuestra estatura.

 Ahora mismo me encuentro alojada en una posada regentada por enanos, en el barrio enano de una capital humana, tengo una espera de varios días mientras me reparan el transporte y mucho, mucho tiempo libre.¿Qué voy a hacer?

Bueno, de momento, empezar a buscar papiros y libretas para mis anotaciones. Después, ya veremos.

Una excursión interesante (Diario de Tholaya)

Los enanos Hierronegro son bastante más cordiales de lo que me esperaba. No son tan abiertos como sus primos de Dun Morog y quizá sean un poco más siniestros, pero eso quizá se deba a que durante incontables eras han cavado demasiado hondo en las entrañas de la tierra y se han vuelto así de hoscos por el aislamiento.

Al menos, es una teoría plausible...

Hablando con los más abiertos, llamados Hermanos del Torio, me enteré de que el enorme dragón que arrasó Ventormenta paso también muy cerca de la Garganta de Fuego. Me contaron que su devastación fue tan enorme que dejó un profundo surco en la tierra, conocido como la Cicatriz y, como no podía evitar perdérmelo, les pedí amablemente instrucciones. Tras negociar duramente un ajustado precio con los chicos del Torio, logré que me proporcionaran un guía que me llevase hasta las Tierras Inhóspitas.

Cuando llegué allí intenté encontrar otro guía, pero no encontré a nadie. Supongo que por eso se llaman Tierras Inhóspitas. Creo que me perdí al intentar llegar y dí un par de rodeos,  unas pocas leguas de nada aquí y allá, hasta que encontré el rumbo correcto y enfilé hacia un cañón calcinado.

Lo que vi allí me dejó sin palabras, cosa rara en mí, y no pude más que contemplar fascinada el gigantesco surco abierto en plenas montañas, recubierto de hollín y de piedra endurecida como los ladrillos de un horno de alfarero tras ser sometidos a elevadas temperaturas. Evidentemente, la enorme criatura ha dejado una huella imborrable en Azeroth y no sólo metafóricamente hablando. Creo que, con toda probabilidad, este cañón acabará convirtiéndose en una de las maravillas del mundo si transcurre el suficiente tiempo.

Por cierto, que me han dicho que de vez en cuando un gigante de fuego se pasea recorriendo el valle de arriba a abajo. Me pregunto si podré hacer algo para poder verlo y si podré encontrar por aquí un vendedor de papiros, pues he agotado todos mis cuadernos con muchos dibujos de la región y me gustaría poder hacer un grabado de semejante criatura suponiendo que llegue a verla, claro.

Nuevos reclutas (Diario de Zareba)


"Puede que no sean ustedes mas que una panda de reclutas de los que no se espera gran cosa por ahora, pero están en camino de convertirse en soldados de la Alianza.
Por ello se les tratará con dureza pero se recompensarán sus esfuerzos.
Se los convertirá en las gloriosas espadas que la alianza necesita contra sus enemigos y en los defensores de sus gentes. 
Mas para empezar a andar ese camino y para evitar que vayan al cepo o al calabozo hasta que sean eso, repasemos unas cuantas normas básicas."

(Arenga del Teniente Darcius Pedregosa frente a las puertas del Cuartel de Arroyoeste)