Una cuestión de honor (Diario de Tholaya)

Una vez que hube demostrado que la capacidad innata para el antiguo arte gnómico de la mecánica también fluía por mis venas y que era capaz de vivir con ello, mis queridísimos familiares me dejaron salir de nuestra querida casa. Ahora por fin soy una gnoma libre ya que, aunque ciertamente podría haber intentado teleportarme de allí a cualquier otro lugar utilizando mis conocimientos arcanos, eso hubiera supuesto la inmediata expulsión del seno familiar y la deshonra para toda mi vida, que se me antoja será larga.



Ahora todo ha cambiado y puedo ir a donde me de la gana, siempre y cuando siga comportándome como un gnoma laboriosa y capaz de utilizar mi intelecto para el servicio de mi raza.

Pero antes debo terminar una tarea pendiente, una última prueba. Tengo que retornar a las ruinas de Gnomeregan, recuperar un fragmento de un mamparo de nuestra querida ciudad y traerlo a la superficie. Sólo así habré completado mi aprendizaje y podré ganarme el derecho a tener mi propio apellido, mi propio taller artesano y el reconocimiento comunitario. Es una cuestión de honor.

Volver al hogar (Diario de Zareba)

Shatrath, la ciudad de la raza draenei, brilla como una gema en medio del tupido bosque de Terokkar. Reconquistada hace tiempo por las fuerzas de la luz, su sóla presencia es como un faro de esperanza en esta tierra tan extraña y llena de oscuridades y a ella acuden refugiados de todas las razas unidos con el único propósito de sobrevivir. No es extraño ver orcos por los arrabales de la ciudad, compartiendo sus pobres calles con otras razas antagonistas como los humanos, por poner un ejemplo. Esto es algo que llama la atención y me desconcierta, y me hace pensar en qué otros rumbos podría haber llevado nuestro viejo mundo si las decisiones hubieran sido diferentes.

En cuanto a los draenei, he descubierto mucho de ellos en el tiempo que llevo en Terrallende. Son una raza noble y muy avanzada, a pesar de que toda su tecnología cristalina no procede directamente de ellos, sino que ha sido cedida por los Naaru, una raza de seres etéreos que culturas menos desarrolladas tomarían por dioses si se topasen con ellos. En su ciudad he descubierto un portal que lleva directamente a Ventormenta y he sentido una punzada en el corazón al entrever su calles empedradas y sus tejados azules brillando al sol de la mañana.

Hoy, sentada en la Taberna del Fin del Mundo, ha tomado una decisión que llevo posponiendo. Retornaré a Ventormenta a través del portal. Llevo demasiado tiempo aquí. Es hora de volver a casa otra vez.

Podría acostumbrarme (La Saga de Grumnkko)

No me han ido mal las cosas últimamente. Tras el combate con el demonio, pareció como si mi suerte cambiara. Con mi destino cumplido, era de nuevo libre para ir donde quisiera y así lo hice.

Vagué por los bosques disfrutando de la caza y la vida salvaje, hasta que encontré un grupo de la Avanzada Grito Infernal y me uní a ellos. Desde entoces, he estado llevando carretas de material de un lado a otro del frente en Vallefresno. Ya no veo demonios en mis sueños.

Creo que podría acostumbrarme a esto de nuevo.

FIN DE LA SAGA DE GRUMNKKO

Ríos de oro (Diario de Gnaamesh)

El bonancible clima de esta región del mundo y la presencia de puertos francos provoca que se concentren en ella un gran número de maleantes y proscritos de toda clase. La piratería es endémica en estas aguas, mientras que las expediciones a las junglas del interior son algo frecuentes. Ya sea para buscar oro y minerales, estaño y cobre sobre todo, así como otros recursos naturales o incluso esclavos, el movimiento a través de la jungla es algo habitual y no falto de peligros.

 Sin embargo, la recompensa es grande para aquellos capaces de encontrar un filón o hacerse con un buen cargamento de maderas preciosas. El oro fluye por los caminos de Tuercespina, impulsado por la ambición de los príncipes mercantes goblin y la codicia de los corsarios.

Para los eruditos como yo, la selva es una fuente inagotable de componentes mágicos y de conocimientos perdidos, un lugar lleno de posibilidades y misteriosas fuentes de antiguo poder...

Misión cumplida (Diario de Zareba)

- Bastión Allerian. Bosque de Terokkar -

He cruzado medio continente para llegar hasta aquí, pero por fin pude cumplir con mi deber y entregar el mensaje que me fue confiado. El Capitán Willheim, postrado en cama por unas fiebres, se sorprendió bastante de que alguien hubiera recorrido tal cantidad de leguas para entregar el mensaje y redactó una carta de recomendación en agradecimiento por semejante servicio. He de decir que me siento orgullosa de haber llegado hasta aquí, aunque también me siento muy cansada. Demasiado, quizá.

Atrás quedaron las frías y húmedas marismas de Zangar, habitadas por todo tipo de viscosas criaturas  y el paisaje torturado de la Península del Fuego Infernal, con sus demonios y sus ruinas habitadas por los espectros de los hombres que murieron para defenderlas. Ahora tengo por delante un nuevo futuro y un largo camino de vuelta a casa.

Probablemente me quede un tiempo por esta región, mientras encuentro un modo de regresar. Echo de menos Ventormenta..

Bahía del Botín (Diario de Gnaamesh)

Avancé en silencio por el muelle, dejando oir tan sólo el hueco retumbar de las pisadas de mi montura en la maltrecha tablazón del puerto. Llevaba la capucha echada sobre el rostro para proteger mi apergaminada piel del feroz resplandor del sol de Bahía del Botín y el perfil bajo para evitar en lo posible el contacto visual con los curiosos. Este es un puerto franco, un lugar convenientemente apartado del conflicto entre la Alianza y la Horda en deferencia a los turbios negocios que aquí se llevan a cabo. Los goblins amasan inmensas fortunas basándose en el trueque, la usura y el bandidaje, a veces simultáneamente, mientras que numerosos corsarios y otras ratas portuarias hacen de este lugar una parada casi obligada en sus viajes por los mares del sur del continente, lejos de la influencia de las leyes del Reino de Ventormenta, demasiado alejado como para hacer cumplirlas de un modo eficiente.
 Aun así, había que ser precavido.

Detuve mi montura al lado de un grupo de rufianes del puerto, un trío de goblins malencarado y con aires de grandeza, cuya dignidad parecía desvanecerse por momentos a medida que me acercaba a ellos.

- Busco alojamiento, cómodo y sin preguntas - dije en la gutural lengua de los orcos, incómodo por su bárbaro acento -

Uno de los rufianes, que aferraba una daga con la mano metida en su jubón, miró nerviosamente a sus petrificados compañeros y señaló nervioso hacia el otro lado de la bahía.

- ¡ El Grumete Frito! ¡Allí! - dijo mientras señalaba nervioso hacia el otro lado de la bahía. -  ¡Alojamiento sin preguntas!

Arrojé una bolsa de oro a los pies del grupo mientras me volvía a calar la capucha y les dí escuetamente las gracias. Los goblins se quedaron un rato mirando la bolsa hasta que uno de ellos la cogió con cautela. Poco después, los oía pelear a mi espalda mientras me encaminaba en la dirección indicada. Uno de ellos gimió de dolor cuando recibió la primera cuchillada. Ignoro quién ganó la contienda por el oro, pero tampoco era asunto de mi incumbencia.

Como todas las cosas que pasaban en el gran puerto de Bahía del Botín, tan sólo importaban a los implicados en las mismas y eso tampoco tenía importancia mientras no influyera en el fluir de los negocios. Así era en este lugar y así había sido siempre..

Búsqueda en el infierno (Diario de Zareba)

Cruzar el Portal Oscuro hacia Terrallende es probablemente una de las cosas más absurdas que haya hecho en toda mi vida. Han pasado ya varias semanas desde que llegué a este lugar y no hay ni rastro del capitán Willheim. Lo último que se supo de él era que marchó hacia el Bastión, la fortaleza de la Alianza en plena península infernal, mas allí tampoco saben nada, salvo que partió con órdenes secretas a un sitio llamado la Marisma de Zangar.

Este lugar es realmente espantoso, una tierra devastada por energías infernales y cuyas tremendas heridas, bien visibles desde el aire, no parece que vayan a cicatrizar nunca. En cuanto pueda entregar el mensaje me marcho de aquí para no retornar nunca.